AGUAFUERTES DE LA PESTE. Ser papa en el COVID de Villa Cabello

LA PESTE EL BOSCO 2

Hoy escribe Ana Barchuk de Rodríguez desde el barrio de Villa Cabello en Posadas. La vacuna para sanar los cuerpos aún no llega, con estas narraciones sólo intentamos ensayar antivirales para la cabeza. Se va construyendo un vademécum simbólico muy potente que condensa una interacción fármaco-literaria inesperada. Tal vez, sin quererlo, hemos creado una red de barbijos afectivos y amistades virtuales. Puede que cuando pase la peste, se genere un compilado. Así nació el Decamerón ¿verdad?

Ya participaron José Torres Criado (Málaga), PacoMan (Málaga), Elena Maidana (Misiones), Evelin Rucker (Posadas), Francisco Álvarez (Corrientes, Argentina. Exiliado muchos años en México), Andrés Dunayevich (Córdoba, Argentina), Fabiola Eme (Tusitala Project), entre México y Barcelona, Alan Nuzzolese (Buenos Aires), Café Azar (Posadas), Ubaldo Pérez-Paoli (Alemania), Osvaldo Mazal (Posadas), Carlos López-Aguirre (Moscú), Alberto Szretter (desde el interior de Misiones, Triple Frontera), Zulma Sierra (entre Colombia y Catalunya), Pedro Bonsier (Lisboa), Álex Marín Canals (Barcelona), Bic Baraxtuyaga (País Vasco-Buenos Aires). Compartimos el texto de Ana:

Mientras, separo la negra cáscara del blanco y comible regalo natural, pienso en las veces en que realicé este trabajo. Por más cálculos y algoritmos que se me ocurran, el resultado exacto de cuántas papas pelé en sesenta y dos años de vida es imposible de imaginar.

 ¿Y por qué hoy, justo hoy, se me ocurre, tener en cuenta algo tan sencillo como quitar la cáscara a una papa? Es que hoy, justo hoy, el mundo se ha detenido, ya no  quedan necesidades, ni horarios a cumplir. Lo único que nos resta hacer es contestar WhatsApp, mails, entremezclarnos en Facebook y mirar películas. Además de aferrarnos a las herramientas que traemos desde nuestra infancia; miedos, inseguridades, temores, alegrías juegos, risas, amparo. Depende de cada uno transformar esos pensamientos en  sentimientos y llevarlos a la acción.

 Acabo de descubrir  que la vida  y una  papa coinciden en tres momentos. El primero es el de estado de papa latente, cuando debajo de la tierra comparte con las demás papitas, (pasado), luego ser cosechada, expuesta en un mercado (presente). Llegar a las manos del cocinero (futuro).

 Me aferro a las herramientas que traigo desde mi infancia y fortaleciéndome como la papa, en las manos que la  acarician, lavan y acomodan adentro del bol con agua natural, no le doy permiso a la mente  a que divague por el pasado haciendo reclamos rencores, remordimientos. Trato de anclarla en el presente, en el ahora. Justo, la vecina del  tercer piso del edificio de  enfrente al mío, por la ventana pregunta gritándome, “¿Te enteraste que en la chacra en que vivimos, en este conglomerado Villa Cabello, de más de ochenta mil  habitantes, comenzaron con  el hisopado, porque creen que el virus nos ha llegado?” Asusta, perturba, entristece invita a seguir el encierro. Casi sonrío al compararme con la papa que hasta hace un rato estaba en la canasta con las otras y con mi intervención espera en el bol. Retirándome de la ventana, perdono la información sin responder.

Pretendo cambiar el centro, en dejar de ser una papa y segur siendo persona. Enciendo la tele y ya no puedo continuar escribiendo, tiemblo, parpadeo, lloro, reflexiono, me pregunto ¿Acaso te propusiste hacerte puré? Continúo escuchando primero Estados Unidos, Segundo Italia, Tercero Inglaterra ¡Qué indignante! Me recuerda ¡cuánto me enojaban los Mundiales! ¡Cuánto me enojaba ver los hombres sentados, gritando y festejando goles y algunas mujeres que también se contagiaban! Ahora no son goles, ahora son puestos del Corona en los cementerios, jugando con todos y ofreciéndonos el primer puesto, que nadie quiere.

Qué  difícil momento ser papa latente, papa pelada o papa puré, a quién le importa y menos a el  COVID que te lleva puesto en un santiamén.

Reanimándome con la papa en el bol, voy por ella, mientras en la olla espera el agua hirviendo, pienso en que de nada sirve preocuparme por el futuro, puedo llegar a suponer cosas que jamás vendrán o que nunca sobrevendrán.

2 comentarios en “AGUAFUERTES DE LA PESTE. Ser papa en el COVID de Villa Cabello

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