AGUAFUERTES DE LA PESTE. El retorno de los mercachifles del terror

LA PESTE EL BOSCO 2

Hoy escribe José Torres Criado desde Málaga. Un refrán del litoral argentino sobre una de sus provincias dice: “Che amigo, Corrientes te va a ayudar.” Algo así siento durante este confinamiento con la ciudad de Málaga, a la cual hermano con Posadas. No dejo a un lado a Barcelona, donde vivo, ni al resto de ciudades que aportaron sus relatos. La vacuna para sanar los cuerpos aún no llega, con estas narraciones sólo intentamos ensayar antivirales para la cabeza. Se va construyendo un vademécum simbólico muy potente que condensa una interacción fármaco-literaria inesperada. Tal vez, sin quererlo, hemos creado una red de barbijos afectivos y amistades virtuales. Puede que cuando pase la peste, se genere un compilado. Así nació el Decamerón ¿verdad?

Ya participaron PacoMan (Málaga), Elena Maidana (Misiones), Evelin Rucker (Posadas), Francisco Álvarez (Corrientes, Argentina. Exiliado muchos años en México), Andrés Dunayevich (Córdoba, Argentina), Fabiola Eme (Tusitala Project), entre México y Barcelona, Alan Nuzzolese (Buenos Aires), Café Azar (Posadas), Ubaldo Pérez-Paoli (Alemania), Osvaldo Mazal (Posadas), Carlos López-Aguirre (Moscú), Alberto Szretter (desde el interior de Misiones, Triple Frontera), Zulma Sierra (entre Colombia y Catalunya), Pedro Bonsier (Lisboa), Álex Marín Canals (Barcelona), Bic Baraxtuyaga (País Vasco-Buenos Aires).

Compartimos el aporte de José Torres Criado (con ilustraciones de yapa), escritor, lector omnívoro, viajero de las viñetas, melómano indisciplinado y tripulante de Ediciones El Transbordador.

Durante esta cuarentena, he releído uno de mis cómics preferidos, uno de esos a los que siempre retorno cada cierto tiempo y en los que, en cada visita, descubro nuevos recodos: “From Hell”, de Alan Moore y Eddie Campbell.

Criado 2

Esta obra inmensa y redonda es, bajo el retrato de la figura del célebre asesino Jack el Destripador, un compendio de muchas cosas: de historia, de política, de panorámica social y humana, de metafísica, de psicogeografía. Cada página tiene cientos de referencias a nuestro pasado y a nuestro presente, como las buenas creaciones imperecederas.

Uno de los aspectos que menos se mencionan de “From Hell”, y que a mi es uno de los que más me interesan, es el de las malas prácticas en el periodismo, malas prácticas que emergen con especial descaro durante las crisis de cualquier tipo.

En 1888, aprovechándose de la desgracia de un grupo de mujeres que fueron salvaje y misteriosamente asesinadas, la presa londinense se inventó al personaje que conocemos como Jack el Destripador.

Como sabemos, los crímenes quedaron por desgracia sin resolver, pero este nombre se quedó grabado para siempre en la historia. Periodistas sin escrúpulos quisieron hacer caja con la muerte y se inventaron a este asesino de folletín para vender y vender y vender, y crearon con ello todavía más alarma de la que ya había en Londres ante las brutalidades que se estaban cometiendo de noche en sus calles.

Hoy, poco a cambiado. De hecho, el amarillismo, la mala fe, la crueldad de las palabras se ha incrementado incluso.

Criado 1

Ya lo vimos durante los peores años de la crisis económica de 2008 y lo estamos volviendo a ver ahora durante esta complicada cuarentena.

El periodismo de hoy se mueve alrededor del “click”. Click, click, click. Visitas, visitas, visitas. Y lo que importa es un titular chungo. Cuanto más chungo, mejor. Alarmista, pesimista, terrorífico. ¡Los lectores tienen que entrar! ¡Los lectores tienen que sufrir! ¡Estamos en la Edad de la Ansiedad y de la Depresión! ¡Quiero negrura comercial, quiero miedo de baratillo!

Durante aquella mencionada crisis, muchos medios (algunos de renombre incluso) llegaron a colocar titulares de la talla de “España se hunde, los festivales de música crecen” o de “Si Grecia sale del euro, tendremos un Hitler heleno”. ¿Surrealistas? Les juro que los vi. Y tengo otros mil.

Paralelamente, surgieron cientos de agoreros de tres al cuarto, de los que en otros tiempos habrían estado agitando biblias delante de salones del salvaje oeste, que se forraron inventándose un apocalipsis diario y recopilándolos en libros que vendían la verdad que ellos se habían sacado de la manga mezclando hechos obvios con imprecisiones (para no mojarse demasiado, claro) por 20 euracos.

Muchos de estos personajes eran algo más que gurús de Twitter: los había hasta catedráticos de diversas disciplinas.

La gran mayoría de las predicciones de estos medios y de estos adivinos de revista pulp no ocurrieron. Eso sí, generaron mucho dinero con el miedo al desastre económico, con la ansiedad de las personas que les creían y que no cotejaban sus disparates.

Ahora, han vuelto. Con idéntica estrategia: chupar la sangre a la gente que sufre, que ha perdido a familiares y amigos, con titulares terroríficos (que luego no tienen justificación cuando uno lee la noticia de marras), con tweets malintencionados, con teorías conspiranoicas de coleccionable por fascículos.

Han anunciado crisis peores que las de 2008 jugando con el miedo que se le tiene a este trauma reciente. Han anunciado millones de muertes y les ha importado un pito la gente enferma o la que ha perdido a seres queridos. Han creado en un mes y medio una nueva mitología del horror a lo que vendrá, que siempre es peor, que siempre es más brutal todavía que lo que uno pueda sufrir ya.

Eso sí, se cubren muy bien las espaldas. Juegan con la ambigüedad, con la imprecisión, para decir la burrada negra de turno y luego, cuando todo haya pasado, poder justificar sus palabras de barra de bar. ¡No, hombre, yo no anuncié miles de muertes nuevas en tu ciudad, yo las anuncié a lo largo de todo el planeta, lo que pasa es que tú te pensaste que eran en donde te dio la gana!

Ya hicieron todo esto, insisto, durante los peores años de la crisis de 2008. Y se forraron. Y se están reciclando y viven de tu drama, y del mío. ¿Les vamos a dejar que lo hagan?

Entiendo que el periodismo está en crisis, y que los medios necesitan todos esos “clicks” para sobrevivir. Entiendo que estamos en el sistema que estamos. Pero también entiendo que hay que tener una mínima responsabilidad con respecto a lo que se escribe.

Crear titulares delirantes desgasta el prestigio de esta profesión. Darle el micro a charlatanes que venden libros de letras de humo, también.

Los “clicks” deberían ganarse por la precisión de los titulares a la hora de captar una realidad, no por la deformación de esta realidad que al medio del convenga (y no voy a entrar en el elemento político aquí, porque eso ya me daría para mil y una noches de páginas de pamplinas y de manipulaciones tanto de la derecha como de la izquierda).

¿Pido algo imposible? No lo sé, pero sí que pido algo decente. Porque decencia, en su acepción de “honradez”, falta en los medios y en las redes. Y mucha. La honestidad no vende. Vende el alarmismo cutre, el pesimismo de repostería, la frase lapidaria y el mensaje político maniqueo y facilón.

Cuando esto termine, que terminará, verán nuevos titulares. “Viene en camino un nuevo virus, y será todavía peor que éste”. Lo veo ya de venir, valga la redundancia. Siempre queda lo peor para ellos. Han visto una nueva desgracia en el poso de su meado mañanero y de ella van a escribir ahora, que la moda no puede pasar. Así, reciclan y reciclan sus argumentos para seguir asustando a la gente que ha sufrido y que todavía puede sufrir un poquito más.

Tan pueril y falso es el optimismo Mr. Wonderful de los yoguis neoliberales que leen a Murakami en el Starbucks y que te dicen que “si quieres puedes” o que “eres pobre porque no crees en tus sueños” como el pesimismo de bolsillo de los vinagres impostados que venden un supuesto prestigio intelectual que no merecen.

Ambas posturas, muchas veces condicionadas por la posición política del postureta, no sirven para explicar la realidad. Porque la realidad no es ni optimista ni pesimista, ni blanca ni negra. Y las dos tienen un mismo nombre: desfachatez intelectual.

Antes de creerse una noticia, por favor, léanla entera. No se queden solo con el titular, y mucho menos con los comentarios tóxicos y preñados de mala leche irracional de los trolls.

Busquen también el nombre de quien escribió el artículo de marras. Investiguen su Twitter y su Instagram. Averigüen si milita en algún partido político y piensen en qué intereses tiene ahora mismo dicho partido. Busquen igualmente los libros que ha publicado y entérense de los que piensan publicar. Todo está en un… “Click”. ¡Fácil! ¿Verdad?

Luego, créanse lo que quieran creerse. Pero primero, infórmense. Quiten de un manotazo las máscaras que haya que quitar. Nadie es perfecto. Ni yo, ni ustedes. Pero podemos construir una realidad más veraz cuando nos damos cuenta que el charlatán está desnudo y de que no quiere traernos la verdad, ni la solución, ni la lucidez porque lo único que le interesa es que le sigamos en Twitter.

 

 

Un comentario en “AGUAFUERTES DE LA PESTE. El retorno de los mercachifles del terror

Responder a Paco Mancera Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s