AGUAFUERTES DE LA PESTE. El cuento del Cobi D19

LA PESTE EL BOSCO 2

Hoy, un 1 de mayo con las calles vacías. Lo que no logró la Historia, la Peste lo impone. Nunca mejor recibido este texto de Paco Mancera Romero (a dos aguas entre Málaga y Barcelona). La vacuna para sanar los cuerpos aún no llega, con estas narraciones sólo intentamos ensayar antivirales para la cabeza. Se va construyendo un vademécum simbólico muy potente que condensa una interacción fármaco-literaria inesperada.

Ya participaron Elena Maidana (Misiones), Evelin Rucker (Posadas), Francisco Álvarez (Corrientes, Argentina. Exiliado muchos años en México), Andrés Dunayevich (Córdoba, Argentina), Fabiola Eme (Tusitala Project), entre México y Barcelona, Alan Nuzzolese (Buenos Aires), Café Azar (Posadas), Ubaldo Pérez-Paoli (Alemania), Osvaldo Mazal (Posadas), Carlos López-Aguirre (Moscú), Alberto Szretter (desde el interior de Misiones, Triple Frontera), Zulma Sierra (entre Colombia y Catalunya), Pedro Bonsier (Lisboa), Álex Marín Canals (Barcelona), Bic Baraxtuyaga (País Vasco-Buenos Aires). Compartimos el aporte de Paco Mancera Romero (alias PacoMan)

Heme aquí que mis hermanos y mis hermanas me llaman,
me piden que ocupe mi lugar entre ellos.

Siempre he querido empezar un texto de esta guisa. La idea no es mía, se la  he tomado prestada, miento es un atraco a mano armada,  a William Wisher Jr. y Warren Lewis guionistas de la película The 13th Warrior (1999, John McTiernan) en mi orilla se tradujo como El guerrero número 13, al otro lado del charco, de donde fluyó la plata y el oro: Trece guerreros basada en la novela del productor de la película de Michael Crichton Devoradores de cadáveres (Eaters of the Dead, 1876) que a su vez está inspirado en la obra de Ahmad ibn Fadlān ibn al-Abbās ibn Rāšid ibn Hammād que en el siglo X escribió una crónica de su viaje al Volga (كتاب إلى ملك الصقالبة) donde se narra la letanía que las concubinas destinadas al sacrificio, en el funeral de un jefe vikingo recitaban. Exactamente no sé a quién he hurtado si Wisher, a Warren, a Crichton, a Al-Abbās o a toda la comunidad vikinga pero como soy un pirata de vocación lo llevo bien.

Es un poderoso inicio que nos promete una historia épica. La historia del confinamiento por Cobi R19 (sé que no se escribe como la mascota de Barcelona 92, pero me da igual): el coronavirus tipo covi de la cepa del 2019, en breve, en otoño, se nos presentará la cepa del 20, del 2020, no en vano los coronavirus están emparentados con los virus de la gripe, por lo que es fácil presuponer que no conseguiremos cura, no antes que para la gripe y llevamos siglos sin ella. La gran esperanza está en la vacuna. Esperemos que en breve la tengamos… pero sólo se empleará en las cepas de próximas temporadas. Pero no he ocupado mi sitio entre mis hermanos para hablar de eso. He venido a hablar de heroísmo, de épica. Y contra el Cobi hay mucho heroísmo que contar, como un personal sanitario diezmado por una década de recortes despiadados perpetrados por  gobiernos de “Relicarios” corruptos y un pueblo fariseo que a las 20 horas aplaude lo que de día deshace, con su comportamiento incívico y temerario. Pero os he vuelto a mentir, dejaré la narración de esta epopeya a mejor cronista, que encontrarlos fácil es, por ejemplo aquí en Las Aguafuertes de la Peste abundan.

No corren por mis venas la sangre, ni el talento de un Giovanni Boccaccio, ni tan siquiera de un Michael Crichton. No, no os narraré un cuento que os distraiga del confinamiento originado por este virus, sino que contaré el cuento del  Cobi D19. Y para ello no he fabular sólo cronicar y los economistas somos buenos explicando lo que ya ha pasado y el porqué de su inevitabilidad. También nos gusta ser agoreros y siempre predecimos el fin del capitalismo: desde Thomas Malthus y sus plétoras, a Karl Marx y el fin de la historia vía plusvalía caníbal o al más reciente equipo liderado por Dana Meadows en 1968 para el Club de Roma donde el capitalismo desparecía por falta de petróleo. Los economistas estudiamos lo que queremos (Dana era biofísica), como los de Bilbao nacen donde quieren. Llevo más de quinientas palabras y aún no he dicho nada, lo que evidencia que los economistas vendemos humo y que como adivinos no tenemos precio.

Al principio se hizo la luz. Tranquilos, no me remontaré tan atrás, pero si es verdad que necesito un punto de firme anclaje para establecer el símil del cuento de Cobi D19. En 2007 todo economista que se precie de haber pensado dos veces tras obtener el grado, sabíamos que la crisis era inevitable y en el caso de España: importante. Luego fue peor, pero ya he avisado que acertar, acertamos poco. Hasta nombre tenemos para ese tipo de crisis, las conocemos bien, las tenemos caladas desde 1637 en Holanda: La crisis de los tulipanes. Se llaman crisis de burbuja de activo o inflación de activo. Muchas han sido de ese tipo: la del 29, la del año 2.000 también conocida como la crisis de las “.com” y la última. La de 2007, sobre todo en países como España (ahora las crisis infectan a todo el mundo, globalización lo llaman) fue una burbuja especulativa de la vivienda, en los EE.UU. se la llamó de las hipotecas subprime. Una crisis de activo se caracteriza porque durante años el precio del activo crece de forma sostenida bastantes veces más,  de lo que crece el resto de precios (vaya la inflación). Se sabe que no hay vuelta atrás cuando ya es de dominio público, cuando todo el mundo sabe que  se puede ganar mucho dinero comprando ese activo y vendiéndolo al poco tiempo, ya que su precio no para de crecer. Es decir, la gran mayoría de compras del activo son especulativas, no a causa de su rendimiento explícito, sino implícito: el aumento de valor. La señal del principio del fin es cuando algunos sujetos se endeudan para comprar el activo, para venderlo inmediatamente después, liquidar el crédito y obtener un sustancioso beneficio. El banco es parte necesaria de la última fase de la burbuja, con sus créditos infla el globo, vierte gasolina al fuego. El globo se infla tanto, que es imposible que haya tantos pardillos que sigan acudiendo a comprar el activo a esos precios desorbitados. En ese punto cualquier mala noticia genera el terror en los poseedores del activo, que comienzan una carrera suicida por deshacerse del activo, aceptando la reducción de precio que sea, con tal de no perderlo todo: pánico se llama. Y ¡Boom!, se revienta la burbuja, lo que ayer valía un Potosí hoy ya no vale nada. Y los préstamos ya no se pueden devolver, iniciando una crisis de crédito. Todo esto se explica en las facultades de económicas, en 2007 todos los centros de estudios prestigiosos  habían realizado informes púbicos alertando de la burbuja. ¿Por qué nadie hizo nada? Esta es la lección que necesito para anclar a la realidad el cuento del Cobi D19. Ni el FMI, ni el BCE, ni la Reserva Federal, ni la OCDE ni la UE, ni el G5, ni el Banco Mundial, ni el G12 nadie hizo nada. Bien, imaginemos que estamos en un guateque, en una fiesta en casa de un amigo y ya son las 12 de la noche, hora en que hay que dejar de hacer ruido o acude la policía. Todos lo están pasando estupendamente, la fiesta está en su punto álgido, hay muy buena onda. ¿Quién es el valiente que apaga la música? ¿Qué harán los invitados? Pues quejarse, con lo bien que lo estaban pasando, pero si no ha venido la policía, eres un cenizo aburrido. Nadie quiere asumir el papel del aguafiestas. Es necesario que llegue la policía para que todos acepten que la fiesta se acabó. Ahora traslademos ese esquema mental a la situación previa de la crisis de 2007. ¿Qué gobierno enfriaría la economía con políticas económicas restrictivas? ¿Cuánto tardarían los sectores más perjudicados por esas medidas restrictivas en poner el grito en el cielo? Pero si estamos creciendo, generamos empleo y los beneficios empresariales no hacen más que crecer, ¿Por qué parar ahora? ¿Qué reacción tendrían los miles de especuladores del activo “hiperinflacionado” y a los que esas medidas enviarían a la ruina? ¿Qué partido político en el gobierno iba, voluntariamente, a perjudicar su reelección a cambio de producir un bien mayor que nadie les iba a reconocer? Ninguno, en ningún país del mundo. Es necesario que estalle la crisis para que aceptemos la ruina unos, el desempleo otros y las medias restrictivas el resto: en suma el final del guateque.

Pues ese efecto, el de no apagar la música aunque la policía este al llegar, que llegar, llegará: pero después de esta canción, que es el tiempo que necesito para culminar mi conquista, es básico en el cuento del Cobi D19. Siempre creemos que podremos tomar medidas preventivas (de forma individual) justo antes de que llegue la policía. Pero no, llega y nos pilla con la música a tope y sin haber ligado.

Este efecto de “no apagar la música” ocurre cuando conocemos perfectamente la génesis, el mecanismo de propagación y las consecuencias de la crisis. Pues ahora hay que imaginarse que la génesis, la transmisión y las consecuencias no son conocidas. Hay indicios, pero ninguna certeza. Además los precedentes anteriores son malos. Las medidas preventivas de los gobiernos ante el SARS, la gripe aviar y otras epidemias fueron percibidas por parte de la sociedad como excesivas, precipitadas y muy costosas.

El Cobi D19 viene al mundo en el otoño de 2019 y comienza a hacer su trabajo, es un virus no una ONG, viene a matar gente. Y se le detecta, pasa a ser un mal bicho y los organismos internacionales comienzan a alertar de su existencia y aconsejan tomar medidas. De verdad,  ¿Alguien cree que algún gobierno que se juegue la reelección va a quitar la música sin que haya llegado la policía? La sociedad no estaba preparada, ningún grupo mediático había “calentado” a la población. Es verdad que morían personas, sí pero en China, como con el SARS y con la fiebre aviar. Sólo se actuaría cuando el virus nos atacara a nosotros, se necesita que la sociedad acepte que es una situación grave y que hay que actuar. Vaya, como cuando la policía sube al piso del guateque.

Sorprendentemente el gobierno dice la verdad: no hay cura, no hay vacuna (sólo efectiva para las cepas venideras, cuando se tenga) y no se conocen los tratamientos para ayudar al paciente a luchar contra el virus. La única estrategia es aplanar la curva de contagio natural. ¿Por qué, de forma natural la curva de contagio cae hasta cero? Porque el número de infectados que la superan (se curan y por tanto quedan inmunes) alcanza lo que se llama inmunidad de rebaño. El virus se queda sin gente a la que infectar. Esa inmunidad se alcanza cuando los infectados alcanzan el porcentaje adecuado, que muy provisionalmente se situaría entre el 60 y el 70% de la población. Lo que están haciendo los gobiernos es aplanar la curva, pero el objetivo es el mismo, que se infecte la misma cantidad de población, pero sin que el número de infectados simultáneamente supere un determinado nivel. ¿De qué depende ese nivel? Pues me imagino que de muchos factores pero destacaría tres:

1.- El número de camas de cuidados intensivos (UCI) disponibles en el sistema sanitario por mil personas.

2.- El porcentaje de personas de alto riesgo en la población.

3.- El porcentaje de personas mayores en la población (una ampliación del 2º punto).

Obviamente el número de camas UCI por mil habitantes en Alemania, Reino Unido o Holanda es más alto que en España, sus sistemas sanitarios no han sufrido recortes durante una interminable década, su población es más joven que la española (somos la tercera población más vieja del orbe).  No negaré que la gestión de los gobiernos también influirá, pero su efecto, en comparación será escaso.

Sólo saldremos de esta pandemia cuando estemos suficientemente infectados. Conseguir detener al virus, porque no nos exponemos, no es la solución: por los famosos rebotes de infección, lo que prolongaría en el tiempo este desastre en lo personal y en lo económico. Ahora que parece que hemos parado el “subidón” inicial de la curva, hay que seguir infectándonos a buen ritmo, a ritmo de crucero para alcanzar cuanto antes la inmunidad de rebaño. Lo que supongo que resultará en medidas aparentemente contradictorias por parte de los gobiernos: Más madera, más madera, es la guerra que diría Groucho Marx.

Lo que estamos haciendo es una técnica de combate contra el Cobi D19 arriesgada, pero no más que apagar incendios de pozos petroleros con explosiones, que consuman el oxígeno imposibilitando la combustión[1]. Eso lo aprendí de John Wayne cuando interpretaba a un bombero de campos petroleros basado en el personaje real Red Adair, en Los luchadores del infierno (Hellfighters, 1969 Andrew V. McLaglen). ¿Suena peligroso? Dije que iba a ocupar mi sitio entre mis hermanos no que fuéramos a pasarlo bien.

Pero el cuento del Cobi D19 tiene moraleja. Cesar la actividad económica no va a salirnos gratis, van a morir muchas personas, personas jurídicas: autónomos, pequeñas y medianas empresas, más difícil será que muera alguna gran empresa. Ya han empezado las ayudas gubernamentales a las empresas, en forma de rescates directos o préstamos subvencionados. El gobierno, ningún gobierno, puede rescatar la economía de su país durante mucho tiempo. Además España no tiene margen para un mayor endeudamiento público, de hecho aún seguimos rescatados por nuestros socios europeos (vamos que son los gobiernos de nuestros socios los que compran buena parte de nuestra deuda pública). La profundidad de la crisis in ciernes, dependerá del tiempo que dure y la mortalidad que origine en el tejido empresarial el Cobi D19.

Ahora que ya estoy bien asentado entre mis hermanos y hermanas economistas un poco de discurso pesimista, vaya ha llegado el tiempo de la ciencia ficción del cuento del Cobi D19: la parte que más me gusta, también podría llamarse “speech del cuñado” parece ser que se llama efecto Dunnig-Krauer[2]. Vamos allá: Nuestros dirigentes deben elegir entre la muerte de personas: físicas o jurídicas. Si elige salvar empresas será acosta de que mueran más personas físicas, dejando que la curva de infección supere el nivel máximo, lo que nos permitirá alcanzar la inmunidad global antes, pero también habrá enfermos graves sin UCI, por lo que morirán. O escogemos que mueran empresas, manteniendo la curva de infección bajo el límite marcado, lo que prolongará la situación de confinamiento, por tanto el parón productivo y las quiebras empresariales.

Si alguien piensa que la vida humana no tiene precio se equivoca, muchas  decisiones políticas cuestan vidas[3]. A priori la decisión sensata y razonable a este desafío vírico, incluso para un economicista como yo, es clara: salvar a las personas físicas y eso es lo que se está haciendo. Pero esto pasará, la crisis llegará y le costará irse. Las elecciones llegarán y se votará juzgando la actuación del gobierno en la pandemia. Los muertos estarán enterrados, pero los parados y autónomos arruinados estarán aquí, la tentación de culpar al gobierno de haber tomado medidas demasiado restrictivas y extendidas en el tiempo aflorará. Todo sacrificio pasado se antoja liviano y el presente insufrible. Vine a hablar de épica, de heroísmo y una buena dosis de ello les hace falta, en estos días, a nuestros gobernantes. Sobre todo sabiendo que el drama griego ya está servido: que la oposición por seguro, es su obligación, los medios de comunicación en concreto y la población en general, a la que han intentado proteger, les van a crucificar: pero eso es ser estadista, va en el sueldo. Como un héroe griego clásico; escupir a los dioses a la cara, sabiendo que sólo perder cabe.

Pero como este cuento lo ha contado un pirata atracador, mentiroso y economista; y yo mismo he definido economista como un excelente justificador de lo que ya pasó y su  consecuente inevitabilidad, también como un agorero, un vendedor de humo y un pésimo adivino, nada de lo aquí cronicado debe ser tenido en cuenta. No en vano la cuenta es la esposa del cuento y la vida es cuento y los cuentos, como este del Cobi D19, cuentos son. Les dejo con la musicalidad de los versos de Pedro Calderón de la Barca y yo me quedaré con mis hermanos y hermanas que me llamaron y:

Me piden que ocupe mi lugar entre ellos,
en los atrios de Valhalla,
el lugar donde viven los valientes para siempre.

 

[1] La URSS en 1966 llegó a usar explosiones nucleares para extinguir incendios de pozos de gas.
https://www.microsiervos.com/archivo/tecnologia/union-sovietica-apagaba-pozos-gas-incendiados-explosiones-nucleares.html

[2] El cuñadismo es un fenómeno sociológico bien asentado en nuestra realidad. El cuñado se cree un hombre del renacimiento, un genio cuando en realidad es un ignorante desinformado, pedante y vacuo. Vaya, nada que no supiésemos, sin embargo no sabíamos que este fenómeno del empoderamiento del imbécil está bien estudiado por la ciencia y hasta nombre tiene, desde 1999: Efecto Dunning-Kurger. Estos dos psicólogos, que dan nombre al efecto, constatan que (tomado de Wikipedia):

“… los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real. Este sesgo se explica por una incapacidad metacognitiva del sujeto para reconocer su propia ineptitud. Por el contrario, los individuos altamente cualificados tienden a subestimar su competencia relativa, dando por sentado erróneamente que las tareas que son fáciles para ellos también son fáciles para otros. …”.

Incluso Juan Luis Guerra aportó su granito de arena en 1998 describiendo el fenómeno que en 1999 David Dunning y Justin Kruger comprendieron y nombraron. Se trata de la canción El primo.

[3]  A principios de 2015 cuando se hizo público el debate de la cura de la Hepatitis C, hablo del Sovaldi y su principio activo Sfosbuvir (C22H29N3FO9P), medicamento fabricado por la multinacional estadounidense Gilead. En España, y gracias al oscurantismo del ministro de sanidad del gobierno del PP Alfonso Alonso Aranegui, el mismo que redujo durante 10 años seguidos la sanidad pública y por tanto las camas UCI con las que luchar esta guerra, para mayor gloria de sus paniaguados de la sanidad privada. Su bellaquería no nos permitió saber cuál era el coste del tratamiento. La horquilla del coste parece que se situó entre los 20.800 y 60.000€. En cualquier caso, el presupuesto del ministerio no alcanzó para pagar el tratamiento a todos los enfermos de España. Lo que en la práctica supuso la condena a muerte de una gran mayoría de ellos ¿de todos? No, de los cántabros no, porque el gobierno cántabro asumió el coste del tratamiento de sus enfermos.

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