AGUAFUERTES DE LA PESTE. Cuarentena entre textos

LA PESTE EL BOSCO 2

Se expanden por el mundo nuestras entradas con anécdotas cotidianas y microrelatos. Hoy escribe Elena Maidana desde Misiones (Argentina). La vacuna para sanar los cuerpos aún no llega, con estas narraciones sólo intentamos ensayar antivirales para la cabeza. Se va construyendo un vademécum simbólico muy potente que condensa una interacción fármaco-literaria inesperada.

Ya participaron Evelin Rucker (Posadas), Francisco Álvarez (Corrientes, Argentina. Exiliado muchos años en México), Andrés Dunayevich (Córdoba, Argentina), Fabiola Eme (Tusitala Project), entre México y Barcelona, Alan Nuzzolese (Buenos Aires), Café Azar (Posadas), Ubaldo Pérez-Paoli (Alemania), Osvaldo Mazal (Posadas), Carlos López-Aguirre (Moscú), Alberto Szretter (desde el interior de Misiones, Triple Frontera), Zulma Sierra (entre Colombia y Catalunya), Pedro Bonsier (Lisboa), Álex Marín Canals (Barcelona), Bic Baraxtuyaga (País Vasco-Buenos Aires). Compartimos el aporte de Elena Maidana.

 

“Nada es lo mismo ya, ni lo será mañana;

apenas la constancia dará el signo que guíe

el día por venir. Y el ahínco de la memoria fiel

que reconstruya y clasifique lo que ya es quemadura

y senda pedregosa desde ahora, desde el instante

en que una lluvia oscura

sopló con un sonido bárbaro en nuestra vida” (1)

 

2020

Digo lo que sigue desde la ventana de mi cuarentena; desde mi condición de mujer blanca de clase media urbana que vive estos tiempos apestosos y virulentos con parte de su familia en una provincia del interior y fronteriza de Argentina; en una casa con servicios y comida segura, con patio, plantas, árboles, bibliotecas, redes tecnológicas, obra social y otros beneficios; así es la mía. Reconozco que hay cuarentenas diversas y desiguales. Y aunque soy por la edad de un “grupo de riesgo”, la mía no deja de ser privilegiada.

Cada cual la sobrelleva como le dejan, como le sale, como puede; pero lo queramos o no, estamos todos juntos en este mundo de desangelados que supimos conseguir.  ¿Acaso lo que nos une no es el amor, sino el espanto? Así andamos a tientas y a locas en este espacio-tiempo trastocado hoy más que nunca, así andamos confundidos entre incertidumbres de ayer, de hoy de siempre; así andamos buscando espejos para medirnos mientras olvidamos una vez más que no hay espejo que no desfigure. Así andamos.

Mientras otros muchos buscan pistas para descifrar el presente en el aluvión de discursos y narrativas en curso; mientras ya ha comenzado la disputa por el sentido de lo que está sucediendo; mientras todos nos afanamos por sobrevivir a la pandemia y no siempre con buenos modos; desde la ventana de mi cuarentena simplemente me propongo hacer una manta con retazos de la vida de otros. Simbólica por supuesto, ya que para tejer, bordar y coser mis manos son dos inútiles fardos.  ¿Qué ilusión me impulsa: levantar un refugio ante la intemperie y la nada que nos crece dentro y fuera; construir un apego para neutralizar ausencias; armar un cobijo contra todo mal?  Vaya una a saberlo. Sólo sé que por ahora ando juntando trocitos de vida ajena para reconfortar la mía.

Texto tras texto, selecciono hoy relatos servidos en pantalla. De fondo: “hilo tras hilo, día tras día… nudo tras nudo, día tras día” canta en mi memoria María Elena Walsh en dulce entrevero con el recuerdo de los tejidos que salían de las manos mágicas de mi madre y de las palabras que Mónica Millán me dijo un día quedamente: “El problema es que el mundo se nos ha ido de las manos y en todos los sentidos”

En ese deambular memorioso y textual que no es de ahora, hallo dos historias con Osvaldo Bayer como protagonista que me atraen: negro el uno, rojo el otro. Ya lo tengo decidido: esos relatos adornarán mi manta.

 

Y lo sabemos todos. Nada

será ya igual ni semejante al rostro del pasado;

ni nuestro amor, vacío de sostén, ni la mano

de los amigos. No habrá ese ruido

de persianas que bajen impidiendo al verano

su intromisión inevitable. Habrá cambiado

el ritmo de la sangre; otras palabras

pondrán sobre el oído su distinta eufonía.

Relato en negro

1984

Cuarentena, exilio y regreso (Documental de Carlos Echeverría). 86 minutos En blanco y negro y color. En castellano y alemán. Registra en Argentina los días que corrieron entre el fin de la última dictadura cívico militar (1976-1982) y el comienzo del período constitucional a partir de 1983. Pone en foco debates políticos en las calles y reuniones de las Madres de Plaza de Mayo, quienes entonces estaban a la expectativa de cuál sería el rol que jugaría cada partido político para reclamar por los detenidos desaparecidos. Esas escenas junto con materiales de archivo enmarcarán la entrevista realizada a Osvaldo Bayer (historiador, escritor, periodista, militante de los Derechos Humanos, “anarquista y pacifista a ultranza” como le gustaba identificarse) (2)

Experiencias del exilio en primera persona: en el film, Bayer cuenta sus vivencias como exiliado; su ida obligada primero y su vuelta esperanzada en pleno despertar democrático después. Rememora su estadía en Alemania, país que lo acogió y con el que mantenía vínculos previos dada su historia familiar y personal. Difícil el intento que enfrenta Osvaldo: poner en palabras el dolor del destierro.

“El dolor es lo más intransferible”, expresaba Hannah Arendt, a propósito de la experiencia del Holocausto. “Cuando más necesitábamos narradores, los hombres se quedaron mudos”; advirtió Walter Benjamin al final de la Primera Guerra Mundial. Pero no sólo con silencio se ha contestado a la barbarie. No han faltado en la historia moderna y contemporánea testimonios sobre los efectos de sus atrocidades. Pienso en los relatos de los vencidos de la conquista y el colonialismo; en Primo Levy, Levinas, la misma Hannah; las Madres y abuelas argentinas; los torturados de antes y los de este oprobioso presente. Pienso en los migrantes y refugiados, en campesinos e indígenas expulsados violentamente de sus territorios por los apropiadores de todo y de siempre., en sobrevivientes de violencias de género… en todos aquellos que encontraron y encuentran maneras indelebles de poner el horror en palabras.

Bayer tampoco cede frente al silencio y el olvido que el poder persigue. “Frente a un contexto opresivo donde la supresión de la disidencia se realizó material y simbólicamente mediante muerte, desapariciones y un discurso que impuso la abrumadora presencia del “nosotros” autolegitimado del poder militar, la voz en primera persona de Bayer que en off hilvana toda la película, es disrupción enunciativa, balbuceo del por-venir democrático: una forma de reelaboración de espacios sociales, territoriales y culturales que los demarca de la expresión oficial” (3)

En la entrevista que Echeverría le hace, halla las palabras para la experiencia de extranjería por partida doble que viviera allá y acá. En el exilio y al volver. Allá, durante la cuarentena del destierro –metáfora higienista que da título al documental- porque tiene que aprender a vivir entre extraños. Acá, cuando vuelve porque nada ni nadie está igual, ni siquiera él. Y dice que tanto allá como acá, en medio de un radical zarandeo semiótico, no encuentra las claves compartidas, el lenguaje secreto que le hacía comprensible el mundo. Por eso mientras deambula extraviado por calles que lo excluyen, no deja de buscar las pistas para reencontrar la senda perdida entre una muchedumbre aún más perdida que él. Sus pasos de acá siguen a los de allá y de vuelta a empezar. Roe el hueso duro del lenguaje para ponerle discurso a lo que le sobrepasa, a él y a los otros con quienes entra en contacto.  Así va enhebrando su historia mínima a la historia grande de ese afuera que lo incluyó expulsándolo.

Desde mi encierro obligado, pienso con Echeverría en su destierro como “cuarentena” dada su condición de doble condena: confinamiento obligado y no regreso. Él –y no estaba solo en esa condición- era el virus que podía contagiar el cuerpo sano de la Nación; había que erradicarlo, eliminarlo.  Dice Osvaldo Bayer sobre el inicio de su exilio: “Al final se presentó el comandante Santuchione, me miró a los ojos, traía mi pasaporte, se lo quedó mirando y me dijo: ‘usted va a salir ahora, pero nunca más va a volver a pisar el territorio de la patria, ¿entendió?’ Le sostuve la mirada y no respondí, porque era una provocación. Cuando el avión remontó vuelo creí que nunca más iba a regresar, sentí un poco de nostalgia y mucha bronca por la humillación con esos tipos”. (4) El poder económico-político transnacional que la Junta Militar representaba, hacía un tiempo ya que venía probando el remedio ideal para cuidar “la salud de los pueblos” (argentino en ese caso): “la terapia de shock” (5) -que lo que en realidad buscaba era mantener a sangre y fuego la pax americana y la ganancia del libre mercado- con sus recetas de totalitarismo de estado, terror, tortura, vuelos de la muerte, desaparición, exilio, silencios, censura… Y todo para poder vender sin freno el país al mejor postor. El no escapó a los alcances menos letales de esa biopolítica y por suerte pudo regresar para contarlo.

Pero Bayer no sólo habla por él, también habla por otros: los silenciados y desaparecidos de la historia. Supo a tiempo decidir su bando, elegir su puesto de combate; encontrar su forma de lucha: rastrear y escuchar la otra historia; poner su voz y exponer su cuerpo para que las voces de los vencidos traspasaran los muros.

Hacia el final del film el protagonista dirá sobre sí: “Informarse como antídoto del olvido, contra la resignación. Informarse para informar a otros. Escribir en un estilo polémico para provocar la discusión y estar alerta”. Y entre escéptico y esperanzado dejará abierto el camino para reencontrarse: la lucha de los sectores populares, las organizaciones de DD.HH., las madres y abuelas de Plaza de Mayo y su obstinada ronda de los jueves por “Memoria, verdad y justicia”. Y será allí precisamente donde empezará a sentirse en casa, donde hallará las indispensables piezas sueltas para rearmarse e interpelarnos como sociedad.

Cuánto para constelar nos deja esa cuarentena en contrapunto con la nuestra:  exilios, la historia densa del volver en la Argentina (“con la frente marchita” del tango o con la marcha peronista, “luche y vuelve”, “vamos a volver, vamos a volver”) expulsión, encierro, muerte, asesinato, desaparición como formas de sacar los cuerpos de la política; (in) movilidades; desplazamientos/ emplazamientos legitimados y/o reprimidos; reaprendizajes compulsivos; cotidianeidad abruptamente desgarrada; olvidos y memorias; dura reinvención del tiempo en un espacio que ya es otro; descentramientos, desencuentros, dolores, hostilidades, miedos, impotencias; decires y silencios…. Pero, ayer, hoy, siempre, en pantalla omnipresente el juego mayor: el de la vida y la muerte.

 

No, no; ya no será la misma

la manera de andar, la introspección al modo

de la quietud ceñida de las horas. Se notará por siempre

en nuestro rostro un visaje

y un aire retraído de máscara olvidada.

Y al no tener el mismo amor, la misma

mano de los amigos,

el ser de aquí o de allá se borrará sin pausa

en una helada comunión con raíces espurias.

Relato en rojo

2012

Mundo Bayer. Ciclo de la productora El Hilo (Pablo Camaití/Federico Randazzo) Duración: 4 capítulos. Tema: Biográfico/LIterario. Formato: Documental. Temporadas: 2 en Canal Encuentro (TVP Argentina) Premio: Martín Fierro de Cable 2013 Mejor Programa Cultural / Educativo

Descripción: La propuesta, narrada en primera persona, propone un encuentro profundo con el escritor y periodista, con su trabajo y sus apreciaciones sobre la historia argentina.  Así lo describen sus productores: “Programa donde Osvaldo cuenta su historia, mientras nosotros lo contamos a él como personaje”.

En el Capítulo 3. Bayer relata las reacciones a su propuesta de cambiarle el nombre a la ciudad de Rauch. Reconstruye su histórica relación con los pueblos originarios de la Patagonia, la llamada “masacre de Jacinto Arauz” y su amistad con Rodolfo Walsh. También visita su escuela primaria y genera una serie de intervenciones en las calles de la ciudad. De fragmentos de ese capítulo trata el siguiente despliegue.

En foco: la escena en la que Osvaldo Bayer despliega un mapa político de la Argentina sobre su mesa de trabajo. Cartografía oficial donde están impresos los nombres de provincias, departamentos, municipios e incluso ciudades. Se detiene en algunos, los señala y comienza luego a dar una lección magistral de la historia argentina. Un toponímico le basta para exponer el reverso silenciado de las luchas de la historia nacional, las masacres y saqueos que levantaron la nación. Implacable con los represores, recuerda cuando en 1963 lo llevaron preso por proponer la idea de que el pueblo de Rauch (llamado así en memoria de un militar alemán que perteneció al Ejército argentino y participó en la llamada “Conquista del Desierto” nombre oficial dado a la masacre de ranqueles, tehuelches y mapuches) debía llamarse Arbolito, el cacique ranquel que lo decapitó. Todo un ejemplo de la justicia mnémica-política-étnica-emocional que siempre persiguió Bayer.

Su relato confirma: ninguna nación se ha levantado en la faz de la tierra sin masacres; toda civilización lo es también de barbarie. De ahí su vida activa empeñada en desgarrar mascaradas; su obstinación en mostrar el lado oscuro de las gestas patrias: el genocidio de los pueblos originarios, la sistemática y permanente represión de toda resistencia y lucha contra el orden dominante que ataría el país a los intereses del poder transnacional. Cada nombre por él acentuado remite a las huestes triunfadoras; por eso mismo y por su opción por la otra historia propone nombres alternativos que saca de la galera de su memoria combativa. Así, y porque sabe que no hay fin de la historia, que las venas de América Latina siguen abiertas, aprovecha cuanta oportunidad se le presenta para enseñar una y otra vez cómo se puede horadar el presente exhibiendo las huellas que ese cruento pasado no pudo borrar.

Toda superficie sirve para demostrarlo. Por eso Bayer pasa con el mismo hilo rojo del mapa a las calles de Buenos Aires. Allí prosigue con esa tarea de detective anarquista, buscando las marcas del poder –el rayo que no cesa- en el territorio; en espacios públicos, en monumentos, en edificios y paseos emblemáticos de la ciudad, de la nación (documentos de barbarie). Allí sigue dando batalla contra el relato mayor de la patria, allí prosigue con sus debates y combates; así rasga la trama consolidada y vuelta sentido común en el imaginario patrio.

De tal modo, con sencillos gestos desgarra ese tejido que nació y creció desgarrado. Ya lo dijeron los mayas vencidos: es una red de agujeros la que nos dejaron como herencia. Y para contrarrestarlo, no basta con denuncias; la acción creativa es imprescindible. Bayer lo sabe. Por eso saca de su portafolio ajado por los años -resistente a la obsolescencia programada y que deviene de pronto en galera mágica- carteles que taparán los nombres de la ignominia, la desmemoria y la complicidad silenciosa de una sociedad que mira sin ver hacia atrás, al lado y de frente ¡march! Lo vemos entonces reemplazar un nombre por otro; interviene la señalética oficial y hace hablar insumisa e irreverentemente a las paredes con esténciles, carteles, grafitis.

Con la ayuda de jóvenes estudiantes universitarios y militantes recorre la ciudad de Buenos Aires, que de nuevo ya es suya, llevando materiales para tapar las desvergonzadas afrentas y sacar a la luz los nombres sepultados en las mazmorras de la historia. Propone por ejemplo cambiar el nombre de Julio Argentino Roca (político y militar, dos veces presidente de la Nación; artífice de la “Conquista del desierto”) por el de Pueblos Originarios. En otra oportunidad propondrá llamar Mártires Obreros a la calle Ramón Falcón (Político, militar y policía argentino. Como Jefe de la Policía de la Capital fue responsable de la llamada “Semana Roja”, cruenta represión de movilizaciones obreras por el 1º de Mayo de 1909. Por ello Falcón fue asesinado en un atentado por el joven obrero anarquista Simón Radowitzky) ​

Se lo ve feliz cuando con ayuda juvenil, se sube a una escalera y procede al reemplazo justiciero; luego se baja y satisfecho con la tarea se va sonriente cual niño que ha cometido una travesura. No deja de dar al mismo tiempo un ejemplo de diálogo y legado intergeneracional. En ese sentido y frente a frases dominantes de mal agüero, también ha demostrado que la interacción en la lucha entre jóvenes y viejos es posible. (¿Cuándo no lo fue?)

Lo dejo ahora que siga su ruta por quién sabe dónde. (Falleció el 24 de diciembre de 2018) Entretanto, adhiero sus relatos a la manta que mi vida entreteje. Relatos en rojo y negro esta vez, los colores de su amada bandera anarquista.

Otras historias me esperan. Seguiré entretejida. Entretejiendo me encontrará sin duda el día después de mañana. Ojalá entonces, cuando pase el temblor, que la vida posible trascienda los textos, que la vida compartida se encarne y palpite, que nuestros cuerpos trasciendan la imagen y se vuelvan tangibles.

 

Notas:

  1. Las estrofas del poema “Sino” que articulan y entretejen este texto; son del poeta paraguayo exiliado Elvio Romero. Publicado en: “Contra la vida quieta”. Candaya. Barcelona.
  2. Hasta su reciente emisión por la Televisión Pública Argentina, en el programa “Filmoteca” de Fernando Peña; “Cuarentena: exilio y regreso” jamás obtuvo difusión comercial de ningún tipo, y solo fue exhibida por la televisión alemana, por el Instituto Goethe de Buenos Aires y por algunas entidades culturales de la ciudad de Bariloche, lugar donde Echeverría nació y vivió la mayor parte de su vida. No es un dato menor que durante los años 80, cuando Osvaldo Bayer ofreciera la película a las autoridades de la televisión pública argentina esta fuera devuelta sin que nadie manifestara algún tipo de interés por su emisión. No parecía ser el momento indicado para una revisión incómoda sobre el pasado reciente.
  3. Aimaretti, María. Cuarentena, exilio y regreso: viaje, memoria y transición democrática en el cine documental argentino. UNTRF. (Disponible en: https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/44545)
  4. Bayer, Osvaldo. “Osvaldo Bayer. Todo es ausencia” en Boccanera, Jorge (ed.) (1999) Tierra que anda. Los escritores en el exilio. Textos y testimonios. Buenos Aires, Ameghino.
  5. Ver Naomi, Klein (2010) “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre” Editorial Paidós/Espasa Libros. Barcelona.

 

 

2 comentarios en “AGUAFUERTES DE LA PESTE. Cuarentena entre textos

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