Herzog se la perdió

LA NOVELA DE MISIONES

Luego de leer La novela de Misiones del escritor Alberto Szretter y compartir ideas con el amigo Café Azar, presentí una alteración en la curvatura del espacio-tiempo: la atracción gravitatoria de la ciudad de Buenos Aires monopolizó la producción del espanto y también del prodigio. Más allá, la historia siempre ha flotado ingrávida en el  mar de los Sargazos.

El concepto “la novela de…” recorre América desde el sur hasta el norte. Quizás es una utopía literaria que intenta abarcar la complejidad de una realidad social en un devenir histórico aluvional. Una estrategia del lenguaje escrito con antecedentes en el Romanticismo, explorando escenarios folclóricos, costumbristas, realistas y regionalistas. Algunas de estas variables asoman en la obra de Alberto Szretter La novela de Misiones, tipificada en el apartado del ISBN como “narrativa argentina” y “novela histórica”, aunque viaja hacia otras regiones donde documentación y poesía copulan un maridaje fluido y plástico. La estructura del relato en párrafos, que no suelen exceder las quince líneas, organiza la lectura como si uno estuviera ante las viñetas de una historieta. Esta novela bien merecería una nueva versión ilustrada en formato cómic.

En las clases de literatura que Julio Cortázar dictó en Berkeley (California, 1980) transcriptas por Carles Álvarez Garriga, pueden encontrarse algunas claves para interpretar el trabajo de Szretter. En el capítulo dedicado al tema de la vinculación entre realidad y literatura, si bien Cortázar focaliza el tema en el agobio creativo del escritor en el exilio, define temporalmente el inicio de la hibridación de discursos. Menciona el término de la Segunda Guerra Mundial, me permito señalar el inicio de la Guerra Fría cuando América Latina se transforma en uno de los campos de batalla deslocalizados donde rusos y yanquis se enfrentan. Es en ese momento, según Cortázar, cuando los poetas y narradores ya no podrán seguir atrincherados en la zona de confort de la creación literaria. Tampoco los historiadores, los filósofos o los sociólogos. La narrativa latinoamericana cambiará drásticamente asumiendo la carga geopolítica de un mandato que en La novela de Misiones está presente, desde la indocilidad guaraní que enfrenta las invasiones de los bandeirantes en el siglo XVII hasta las luchas del Movimiento Agrario Misionero en el XX. La noción de resistencia cruza todo el relato de Szretter. Resistencia contra el clima, la miseria, el esclavismo, la soledad, la injusticia, la represión militar.

Los territorios donde transcurren los hechos que se narran, la actual provincia de Misiones en la cuña sudamericana de la Triple Frontera articulada por Argentina, Paraguay y Brasil, son un recorte despiadado de todo un continente sometido durante siglos, diría Cortázar, “al caos de la explotación y la violencia de enemigos internos y externos”.

Avanzando en el texto de Szretter la sucesión de imágenes que disparan los diversos espacios, tiempos y personajes sugieren esa levedad ágil que propone Italo Calvino. Entre un amplio elenco de personajes reales y ficcionales recorren las páginas guerreros de la batalla de Mbororé en 1641, inmigrantes llegados desde el centro y este de Europa en 1914, campesinos de la masacre de Oberá en 1936, se asoma la hermana de Nietzsche en 1887, también Bonpland, Artigas, Andresito Guacurarí, un pariente lejano de Fernando Pessoa, el líder agrario Orestes Peczak asesinado en 1977 por la dictadura militar. Toda esta sucesión histórica de la región es un eje necesario de la trama que sustenta las derivaciones de la novela, coordinada con genealogías familiares que se entrecruzan con situaciones evidentemente ficcionales. Precisamente el tiempo es uno de los factores constituyentes de La novela de Misiones porque, recurriendo nuevamente a Cortázar, el tiempo es un proceso insustancial, un “decurso que pasa por nosotros o a través del cual pasamos nosotros”. Del mismo modo la tripulación de esta obra literaria, como en Fitzcarraldo, arrastra por la selva la nave afiebrada de sus vidas durante casi cuatrocientos años de historia.

Las idas y venidas de La novela de Misiones son relatadas por una voz omnisciente, no tiene el tono solemne de un sabelotodo, suena aérea aunque algunos párrafos sean sucesos muy poco divertidos. Otros aportan la distensión del humor, José y Miguel cavando pozos como topos, despachurrando un terreno en busca del mítico tesoro de los jesuitas ante la mirada apática de los lugareños, para luego morir perdidos y olvidados. Sugiere a Elfriede Jelinek (recuerdo Los hijos de los muertos) la escritora austríaca que es capaz de contar historias terribles con una sonrisa mordaz.

Una insinuación no desarrollada creo haber percibido en la complejidad de las micro historias que atraviesan la novela, el cuestionamiento del relato fundacional de la épica inmigratoria. Tal vez esta gesta sacralizada desde el trabajo y el sacrificio de los europeos pudo haber velado otras circunstancias protagonizadas por etnias autóctonas, que tanto o más lucharon por encontrar su lugar en la, supuestamente, “Tierra sin Mal”.

Las páginas finales se hunden en el pantanal de la tragedia. Cacería de militantes, torturas, desapariciones, muerte en la frontera del olvido. Como dicen las palabras iniciales que escribió Alberto Szretter “si encontráramos a Juanjo y Lucía hallaríamos algo más que dos personas perdidas, quizás, el final de la novela”. Estos dos niños engrosan la lista de hijos de desaparecidos no restituidos. Pues entonces, La novela de Misiones aún espera su fin.

Terminé de leer este libro después de Darwin poeta de Osvaldo Mazal, no pude dejar de preguntarme: ¿Por qué no se difunde más la obra de autores locales? ¿Dónde se reseñan sus obras? ¿Se planifica la construcción de nuevos públicos lectores desde la adolescencia? ¿Imposible que surjan editoriales con distribución, al menos, regional? ¿Y las editoriales universitarias? El Fondo Nacional de las Artes otorga premios a escritores/as del interior del país ¿luego reciben el mismo reconocimiento en sus provincias y municipios de origen? ¿Existen políticas provinciales dedicadas a la producción literaria? Claro, es eso de la curvatura del espacio-tiempo y la atracción gravitatoria hacia un polo magnético cultural centralizado, la ley de gravedad no es federal.

 

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