Sensación golem*

DARWIN

Un edificio crece desde los cimientos y las paredes se levantan dentro de un esqueleto de aparejos, poleas, andamios y grúas, Cuando termina la obra, se retira ese armazón exterior. En el relato de Osvaldo Mazal, Darwin poeta (Una novela inclasificable)[1], eso no sucede, construcción y bastidores están expuestos a la vista del público, en un escenario donde el cabalista, junto con su amigo el golem, bailan en las narices del lector como Gene Wilder y Peter Boyle en el Jovencito Frankenstein. Mazal es ingeniero civil…

Hacia los tiempos de la alta Edad Media prerrenacentista nace el Humanismo como una confrontación pedagógica con el canon literario eclesiástico. Unos saberes ocultos y custodiados en las bibliotecas de los monasterios. Mamotretos diseñados por los monjes copistas redactados en un latín decadente que versaban, mayormente, sobre las historias de los santos padres con sus martirios hardcore y escenas bíblicas con incestos y sacrificios de primogénitos.

Tanto hermetismo determinaba que saber leer y escribir, ser alfabetizado en general, fuera algo muy cercano a la magia. En el inglés medieval de la palabra grammar se deriva glamour, expresión referida al encanto y el hechizo. Gramática es el estudio de las reglas y principios que regulan el uso de las lenguas y la organización de las palabras dentro de una oración. Y la minoría de hombres capaces de esto se consideraban poseedores de una mística gramática de la cual la cábala podría ser un ejemplo. Nada menos que llegar a conocer los secretos de la escritura del “autor” del mundo. Según algunas versiones de este antiguo mito judío, para hacer funcionar un golem había que meterle un papelito con una orden por la boca o por otro agujero. Otra manera de activarlo era grabando los nombres de Dios en su frente… El golem la pasaba fatal, en la novela de Mazal es el dueño de casa.

El Humanismo literario, de algún modo, continuó conectado con el principio aristotélico de la verosimilitud. Hasta el siglo XVI la ficción poética sólo pudo refugiarse en la alegoría. El Humanismo fue vacilante con respecto a los límites de los mundos imaginarios, casi siempre encorsetado en la lógica binaria de verdad – mentira. Habrá que esperar hasta el siglo XVII cuando el Quijote libere de la necesidad de justificación histórica o teológica a la mímesis literaria. Desde entonces en los bordes entre lo factual – fictus se han generado microrregiones literarias, tierras de nadie, hibridaciones discursivas que como propuso Philippe Lejeune[2] establecieron pactos de lectura donde no tuvo lugar aquel dualismo ortodoxo, pues autor y lector aprendieron a negociar durante el viaje de la creación y la lectura de la obra.

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El artefacto literario compuesto por Osvaldo Mazal obtuvo el premio otorgado por el Fondo Nacional de las Artes en 2014, formaron parte del jurado Gabriela Cabezón Cámara, Washington Cucurto y Iosi Havilio. Luego de leer sus casi quinientas páginas algunos ecos son inevitables, Proust, Bolaño y el recién consagrado Gustavo Faverón Patriau (Vivir abajo). Novela río, entrópica diría Alex Marín Canals[3], autor catalán que también provee la noción de novela de afluentes, delta textual donde confluyen e interactúan sedimentos heterogéneos. Mazal, además de su titulación técnica en ingeniería, es licenciado en letras y magister en semiótica discursiva. Arriesgaría una hipótesis, quizás su formación influyó en la orientación de su estuario de discursos. En Darwin poeta (Una novela inclasificable) podemos navegar, como el narrador cuando joven en el arroyo Zaimán, por cauces ficcionales, autorreferenciales, teóricos, históricos, surrealistas, líricos, humorísticos. Entrar a través del túnel del tiempo en la Rusia de 1948, emerger por la Patagonia hacia 1832, por la misma época perdernos en Río de Janeiro o caer desde la nada en la ciudad de Posadas en 1955.

Osvaldo Mazal sale a escena y saca de la galera su primer conejo blanco, el recurso literario del “libro o manuscrito encontrado”. En este caso un libro verde ruso en la biblioteca familiar que contiene estos dos artículos: Darwin poeta de Viktor Borisovich Sklovski y Newton y Darwin de Yuri Nikoláyevich Timianov, que vertebrarán, entre otros dados cargados, la novela de Mazal. Esta peripecia inicial evoca una técnica con ilustres antecedentes: Cervantes, Jan Potocki (El  manuscrito  encontrado  en  Zaragoza) o Umberto Eco (El nombre de la rosa). Estación de partida del transiberiano que recorre su novela: apariencias y certezas en jaque constante, tal vez un cierto tono paródico sin desviarse hacia lo satírico.

José Martínez Rubio[4] cuando escribe sobre las razones culturales que pueden dar lugar a la representación ambigua, turba cuando afirma que Robert Capa fue un farsante. Su célebre fotografía Muerte de un miliciano resultó ser un montaje, nadie cayó abatido aquel día en un cerro de Murcia y ningún fotógrafo capturó esa imagen icónica del hombre desplomándose hacia atrás con un balazo en el pecho. Todo fue una puesta en escena posterior. Una estrategia docuficticia que buscó un efecto emocional, quebrar una vez más los protocolos de verdad – realidad. Osvaldo Mazal es también un escenógrafo emocional como Robert Capa, transforma a Charles Darwin en un poeta enamorado de una guía india, hija de criolla cautiva en las tolderías de la frontera patagónica. Este personaje, Lican Ray – Ofelia, es presentado como la pequeña políglota y abre una de las cuencas subterráneas que se cruzan a través de esta novela río, la traducción.

Leyendo a la filóloga Marietta Gargatagli[5] podemos remontarnos hasta las leyes de Indias, es significativo el capítulo dedicado al campo de la traducción, que datan del 1500 – 1600 y encontrar antecedentes políticos, jurídicos y culturales que aún tuvieron cierta vigencia en el siglo XIX. A los intérpretes, ya en los tiempos de la conquista, se los llamó lenguas. Darwin viaja desde Patagones a Buenos Aires acompañado por un indio lenguaraz, un intermediario entre dos culturas. Comunicador social que no sólo dominaba el significado de las palabras de unos y otros sino también el contexto ambiental y geográfico[6]. Pero al conocer a Lican Ray, que ya había oficiado de traductora para otro inglés, reemplaza a su guía por esta mujer que hablaba “en lenguas” pues además del español y el inglés comprendía todos los idiomas indígenas de la región. Gargatagli recuerda a “la madre de los intérpretes americanos”: Malinche – Doña Marina, “indios, o más adelante, mestizos. Olvidados de su propia cultura, corrompidos por un sistema que sólo se pudo construir utilizándolos como instrumento de una comunicación meramente utilitaria o como parte de un decorado en el que siempre hicieron de comparsa”. Lican Ray – Ofelia también será intérprete y amante de Darwin como lo fue Malinche – Doña Marina de Cortés, pero su destino tendrá otra deriva. Mazal la rescata de la fatal contradicción traidora – víctima y, quizás como Robert Capa, le proyecta un artificio futuro de musa autónoma y osada en un mundo victoriano misógino e hipócrita. El personaje de Lican Ray – Ofelia evolucionará hacia una dimensión casi steampunk donde las cabalgatas desbocadas y el sexo a pelo conviven con la tecnología a vapor entre el Río de la Plata e Inglaterra. Lican Ray, Flor de Roca, Stone Flower, Rocaflor, hacia 1879 un soldado encontró enterrado en un médano pampeano un diccionario de la lengua castellana, el Google translate del que se valieron el cacique Calfucurá y sus lenguaraces cuando intentaron traducir y comprender los documentos que debían firmar con los cristianos blancos[7].

Siguiendo el rastro de las piedritas que marcan el camino en el bosque narrativo de Darwin poeta,  llegaremos a una dacha rusa donde mora una matrioshka que, en su interior, alberga una trama que a su vez hospeda otra más y así sucesivamente. En una de estas conexiones atemporales el rol de Victor Borísovich Sklovski conjura la presencia de Vasili Grossman, lo sugiere una cierta melancolía o tristeza que acompaña el devenir de este polémico heterodoxo que intenta fusionar literatura y biología, defendiendo su comprometida tesis sobre la veta poética de Darwin, en una Moscú estalinista donde los naturalistas confrontan en grupos antagónicos, como si la Academia Lenin de Ciencias Naturales de la U.R.S.S. fuera el Camp Nou o la Bombonera.

Regresamos a la noción de novela entrópica y bajamos a otro brazo del arroyo Zaimán, la música. Un tópico omnipresente que se manifiesta a través de referencias populares (muy vinculadas con Brasil) o de alta gama (relacionadas con autores e intérpretes europeos). Destaca un músico, Pixinguinha y su estirpe que se remonta hasta un ancestro, también flautista, que Darwin conoce en Río de Janeiro por los años treinta del siglo XIX. Un género musical, el choro, que nace poco antes de 1810 y que, con licencia de Mazal, me reseteó hasta, creo, mis doce años cuando en un conservatorio intentaba desentrañar la partitura del Choro Nº1 de Villalobos delante de una resignada Irma Constanzo. Sólo recuerdo que aquellas fueron mis últimas clases de guitarra clásica, luego me hice con una de doce cuerdas y permuté a Francisco Tárrega por George Harrison.

De Brasil y el candomblé, Mazal nos lleva a una ciudad de Posadas donde la música fluye a través de las chanchas fabricadas con tambores metálicos de aceite y parches de cuero de vaca (Estudiantinas en el recuerdo) y la armonía de las esferas de Pitágoras vibra en alguna esquina. Modula la escala cromática de la novela, retornamos al Londres del siglo XIX y asistimos a un concierto de Franz Liszt. Se cuelan entonces Paganini, Robert Johnson, tritonos y pactos luciferinos. Los tritonos son intervalos musicales que se usan en la construcción de los acordes disminuidos, muy utilizados en el jazz (con la bendición infernal del blues) y la bossa nova. Se los bautizó como los “intervalos del diablo” y durante siglos la iglesia abominó de estas disonancias por considerarlas “diabolus in musica”.

Esta entrada no tiene como objetivo hacer un spoiler, tan sólo compartir algunos apuntes sobre un relato donde reverbera algo del mundo Kitschfilm. En el tobogán narrativo de Darwin poeta (Una novela inclasificable) se filtran reflejos en cada una de sus páginas, la clase de literatura en un bar con Joyce y el perro Dodó que lidera Leonidas Maserati podría haber sido una escena en el Adán Buenosayres de Marechal, los serenos del conservatorio asesinados, la secta del Círculo Pitagórico, el rayo de la muerte, las conspiraciones, los fracasis, los suicidios, los nazis en Misiones, quizás plugins, aplicaciones, de Macedonio Fernández o Ricardo Piglia. Novela parque de diversiones abandonado donde deambulan espectros. Novela donde el gusanito va paseando y en el pastito va dibujando un dibujito que es igualito al gusanito[8] mientras el cabalista, junto con su amigo el golem, bailan en las narices del lector como Gene Wilder y Peter Boyle en el Jovencito Frankenstein, como Darwin y Newton en la novela de Osvaldo Mazal.

 

* Efecto emocional citado en la novela

[1] Aurelia Rivera libros, Buenos Aires 2016.

[2] Ensayista francés especialista en autobiografía.

[3] Revista Tusitala, Barcelona 2019.

[4] Universitat de València.

[5] Universidad Autónoma de Barcelona.

[6] Teoría de los entornos. Eugenio Coseriu.

[7] Nora Catelli y Marietta Gargatagli, El tabaco que fumaba Plinio. Escenas de la traducción en España y América: relatos, leyes y reflexiones sobre los otros.

[8] Jorge de la Vega.

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