Reseña, reseña… que alguien leerá

ETERNIDAD 2

Kitschfilm, al cabo de un año acredita comentarios que han sido realizados desde España hasta los Estados Unidos, pasando por la Argentina y Rusia. El promedio de ponderación, sin caer en el panegírico, compensa el esfuerzo de los implicados en el proyecto editorial. La reseña de un libro o crítica literaria hasta poco tiempo atrás era una merced canónica, que se publicaba en sacrosanto soporte papel ya fuera en el suplemento cultural de un diario o en alguna revista especializada. Quizás algún programa de radio, no mucho más. Un buen día todo se desmadró democráticamente y con una velocidad de vértigo, hoy podemos leer o escuchar juicios laudatorios o patibularios a través de blogs, revistas online, podcasts, YouTube, redes sociales y en cuanto medio de comunicación se esté por lanzar al mercado dentro de las próximas veinticuatro horas o aún palpite en las pesadillas de alguien.

Esta masiva práctica articulista, promovida por la Internet, permite desayunar en Miami leyendo en el portátil que tantos escalofríos produce un texto que fue escrito en Barcelona, sobrevivir a un viaje en el subte de Buenos Aires descubriendo en el móvil un nuevo autor en Moscú o soportar la espera en la sala del dentista en Málaga localizando en la tablet un posible súper ventas publicado en Posadas.

Un libro que formó parte de la bibliografía consultada para tramar Kitschfilm e intentar construir escenarios mentales fue La eternidad de un día. Clásicos del periodismo literario alemán (1823-1934) (Acantilado, Barcelona, 2016). Lo elegí pensando que ese período histórico fue importante en la formación personal del Adolf Neunteufel, hasta que en 1932 viaja desde Austria al Alto Paraná. La obra reconoce los orígenes de esta forma de prensa especializada en el feuilleton (suplemento) francés del siglo XIX. Dos corresponsales germanos que escribían desde París entre 1820 y 1830, Heinrich Heine (el gran poeta romántico) y Ludwig Börne, fueron los que introdujeron el formato, primero, en periódicos de Berlín y de inmediato con una veloz emulación comercial en Fráncfort, Múnich, Praga y, sobre todo, Viena. Será esta última ciudad austríaca la que obtenga el rango de capital del folletín.

Adolf Neunteufel nació en 1909 en Austria, entre 1927 y 1932 (18-23 años), puede que fuera un período significativo durante el cual este tipo de prensa subjetiva, cosmopolita y crítica, construyó parte de su personalidad y creencias. Tanto fuera adhiriendo como rechazando las opiniones de los autores. Nombres que, precisamente por aquellos años convulsos, marcan a fuego las páginas de los periódicos con sus crónicas literarias. Stefan Zweig, Joseph Roth, Thomas Mann, Walter Benjamin, Siegfried Kracauer, Robert Musil, Ernst Bloch. De acuerdo, un club casi exclusivo de señores con muy mal genio, en el que se filtraba alguna que otra mujer, Else Feldmann por ejemplo y, nada menos que Rosa Luxemburgo a quien Neunteufel no creo tuviera en cuenta porque fue asesinada en 1919.

En sintonía con la prosa imprevisible de esta clase de artículos, me permito una digresión.

Ya que la entrada tiene que ver con escritores les cuento que, como muchos sabrán, Ferdinand von Schirach es un abogado penalista alemán que hacia 2009 muta como escritor de best sellers policiales con fama mundial, transformando sus casos reales en novelas noir. Para quienes no lo han leído recomiendo la serie Schuld (Shades of Guilt) producida por la televisión alemana en 2015. Bien, pero la cosa no tiene que ver con Ferdinand sino con su abuelito: Baldur von Schirach. Resulta que Baldur fue un jerarca nazi, líder de las Juventudes Hitlerianas y Gauleiter de Viena. Al final de la guerra, recluido en la prisión de Spandau y según cuenta en sus memorias, compartió cárcel con el almirante de la Marina alemana Erich Raeder. Mientras ambos, tras ser juzgados en los juicios de Núremberg, mataban (para no perder la costumbre) el tiempo (¿y si daban en el blanco?) paseando por el patio de la famosa cárcel, Erich le confió al camarada Baldur un secreto jamás revelado. Wilhelm Canaris, jefe máximo de la Abwehr (la oficina de inteligencia militar durante el nazismo) que terminó en la horca tras el fallido intento de asesinato de Hitler en la Operación Walkiria (1944), por el año 1919 era un feroz anticomunista y líder de los Freikorps… Ahora viene la confidencia trapera: ¡No va a ser que en aquella época Canaris fue quien planificó el asesinato de los dirigentes espartaquistas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht!

Joder, me quedo con las ganas de seguir escribiendo sobre esta conexión entre el autor exitoso a partir de 2009, el abuelo nazi en 1945 y el asesinato de Rosa Luxemburgo hacia 1919, mientras saboreo una porción de tarta Sacher en un café de Viena.

Pero llegó la hora de cierre semanal del blog Kitschfilm y debo subir el post intentando coordinar los horarios en que las personas leen sus redes sociales en Barcelona, Málaga, Buenos Aires, Posadas, Miami y Moscú.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s