Martin Bormann y Horacio Quiroga en el Teyú Cuaré

QUIROGA-BORMANN

En Kitschfilm se cruzan ambos personajes, ¿qué pudieron tener en común el gran escritor rioplatense y el lugarteniente de Hitler? Los dos (el alemán puede que faltara a la cita) recorrieron un territorio que se conoce como Teyú Cuaré, parque provincial protegido de la provincia de Misiones en Argentina. Estos links históricos fueron tenidos en cuenta, porque Adolf Neunteufel también exploró esa galaxia de selva y río. Sin embargo algunas referencias quedaron fuera. Una de ellas fue contar un poco más sobre aquellos años que viví muy cerca de la casa de Horacio Quiroga y unas peripecias que me llevaron (quizás fui uno de los primeros en descubrirlas sin saberlo), hasta las ruinas de unas construcciones en medio del monte donde, según los lugareños, se refugió Martin Bormann. Al mismo tiempo, siempre accidentalmente, participar en una de las últimas películas que se filmaron sobre la vida de Horacio Quiroga en la región (Cuentos de amor, de locura y de muerte, dirigida por Nemesio Juárez en 1994).  

Mario Payal vendía leña para la caldera de la hostería de San Ignacio (pueblo donde vivió Quiroga, corazón del Teyú Cuaré) que hacia principios de los años noventa tenía a mi cargo. Según el paisano, conocía la zona como la palma de su mano. Payal de niño se había largado en bote desde Iguazú y de ahí en más navegó y pescó casi toda su vida por la región, él me contó sobre unas ruinas donde se habían refugiado unos alemanes con uniformes y armas. Como también trabajaba en un periódico pensé: esta no me la puedo perder.

Un día, sobre las seis de la mañana y con soberana gripe encima me largué a la aventura (urbanita absolutamente irrespetuoso de la naturaleza) en una desvencijada Studebaker que amagó quedarse un par de veces. Bordeando el cuartel de gendarmería, el basurero municipal y a los tumbos por una pendiente, el cascajo frenó chapaleando en el agua. De la camioneta a un crujiente bote. Bordeando la costa, Payal remaba esquivando escarpadas laderas de basalto. Su zona de pesca profesional, en un tiempo pródiga, después de la represa de Yacyretá yerma. Pasamos las barrancas del Sununú, divisamos las serranías del Cura Dormido en la enfrentada costa paraguaya y, después de casi una hora de remo, el guía anunció el final de la desamparada regata: un cerro con altos lapachos. Adrede o no, los lapachos en flor eran un luminoso faro vegetal en aquel universo umbrío de lomas, hiedras y agua.

La chalana mordió la arena blanda de la ribera, algunas toscas y luego un muro empinado. Ni camino, ni senda. Fue cuestión de aferrarse a raíces y ramas, ascender gateando. Cien, doscientos metros a puro rasguño y resbalón sobre piedra tapizada de espinas, al borde de despeñarme agotado cuando mis piernas aflojaron y los pulmones dejaron de cargar aire, los primeros indicios me salvaron la vida. Rocas enmohecidas con formas regulares, tal vez peldaños, bajo un engarce de losas, hojarasca y vigas, tres construcciones separadas entre sí por unos cincuenta metros. Escalonadas desde la cornisa del peñón, único lugar de acceso, dominaban todo el horizonte. Escaleras que no conducían a ningún lugar, paredes de mosaicos intactos, pozos que sugerían entradas a sótanos infernales, maderas podridas. Entre tanta utilería y escenografía ominosa digna de Escher o Piranesi, al costado de una zanja encontré una escupidera oxidada. Para no quebrar la lobreguez escalofriante del momento pensé, restos de alguna acampada del Yasí Yateré con un niño raptado o… ¡estos nazis al final resultaron ser unos cagones! Boqueando aire, yo me sentía Indiana Jones. Payal, machete en mano, se abría paso orgulloso cumpliendo la promesa de revelar el camino hasta las ruinas malditas.

            Logré regresar de una pieza a la hostería, vagando por San Ignacio camino a la misión de los jesuitas, un atardecer me crucé con mi amigo Néstor Ríos. Gracias a él, otra pista. Sentado en la vereda de su casa tomaba fresco Emilio Aristóbulo Peruchi. Según Ríos sabía muchas historias porque había edificado un chalet al borde de un precipicio para Lenoble, el marido francés de Eglé, la hija de Horacio Quiroga ese Rasputín afiebrado que en el pueblo a casi nadie le caía simpático. El viejo Peruchi me contó la historia de un pibe que le fue a vender choclos a Quiroga que se puso furioso y lo echó porque los granos no eran tiernos pero en aquella época en San Ignacio todos los choclos eran maíz duro, claro, el chico (el mismo Peruchi) por 1994 ya tenía más de setenta años y no pudo olvidarse de los choclos ni de la bronca de Quiroga. Nuestro diálogo avanzó.

– ¿Recuerda algún vecino que se llamara Vollman, Bormann o algo así?

Peruchi me contó que allá por el cincuenta y pico había conocido a alguien que se llamaba parecido. Se acomodó en la silleta y me preguntó:

-¿Pariente de usted?

– Lejano, a lo mejor, – mentí para no cortar el buen rollo.

– Cuando cayó Perón, Hau, que vivía acá al lado, me contó que cruzó por el río a unos que buscaba la policía, después Hau y su esposa se mudaron al Paraguay. También conocí a Bader, dueño de las tierras altas donde hay un lapacho siempre en flor. Allá arriba vivían en casas con bombas de agua, pozos y baños con azulejos, Bader, los parientes que usted busca, una paraguaya y algunos indios. Las casas las levantaron con piedras de una cantera que hay cerca, la madera la sacaron del monte y el resto llegó por el río… en una chata arenera y a veces se aparecía un hidroavión.

Escribí un artículo y se publicó por aquellos años en el diario Primera Edición de Posadas, también conté por primera vez esta historia en un programa de TV con Silvia Teibler. Después la leyenda creció y llegaron los despabilados de una universidad de Buenos Aires a investigar el lugar “científicamente”. Bueno, yo también supe ser un “paracaidista” que aterrizó por aquellos lares desde… Buenos Aires.

Viví en la hostería de San Ignacio por un tiempo, me dejé crecer la barba, usaba un sombrero Panamá, pantalones cortos y alpargatas, una vez por semana bajaba a Posadas. Cuando entraba a la redacción del diario con mis notas, las cargadas zumbaban sobre mi cabeza: “¡Aquí llega Quiroga!” se reía don Luis Sicilia, el jefe de redacción. Más allá de la humorada puedo atestiguar que en el Teyú Cuaré (cueva del lagarto en guaraní) una cierta atmósfera de posesión, digna de un cuento de Neil Gaiman, hace que uno se vaya quedando, dejándose estar, cautivo del lugar.

Poco antes o poco después, apareció por San Ignacio un equipo de filmación para producir una película sobre Horacio Quiroga. Me reencontré luego de muchos años con un cómplice de correrías juveniles, Abel Facello, el escenógrafo. En base a fotos de la época reconstruyó la primera casa de madera de Quiroga, que quedó como donativo en el predio donde vivió el escritor, siempre al cuidado devoto de Néstor Ríos y su familia.

Pasaron muchos años, comencé a escribir Kitschfilm en Barcelona y todas estas escenas se editaron dentro de mi cabeza como fotogramas de una película muda, que ya casi había olvidado.

Aún sueño que deambulo eternamente por el laberinto del Teyú Cuaré con una escupidera en la mano sin poder salir de allí.

N. del A. La fotografía (circa 1994) muestra al equipo de filmación con el director Nemesio Juárez fumando un cigarrillo. Al fondo se ve la primera casa de Horacio Quiroga reconstruida por el director de arte Abel Facello. Quizás el paso del tiempo me la juegue y equivoque algún nombre o cita, Néstor Ríos sabrá subsanar olvidos.

 

 

2 comentarios en “Martin Bormann y Horacio Quiroga en el Teyú Cuaré

  1. Nestor Rios

    Mitos..leyendas…creencias…superticiones…San Ignacio tierra fertil de frontera entre la realidad y la magia
    …y mi amigo Carlos Piegari la recrea!!!…gracias Carlos…

    Me gusta

Responder a Nestor Rios Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s