El Mago Robinson, espiritismo psicofónico en la Triple Frontera. Parte II

GRABADOR

A pedido de los lectores de este blog que rescata personajes desde la papelera de reciclaje de Kitschfilm, vuelve El Mago Robinson, aquel socio contrabandista de Elpidio Bottini obsesionado con el espiritismo psicofónico en la Triple Frontera. En esta entrada revelaremos algunas de sus exploraciones sobre el arte de la captación magnetofónica, esta vez no en el más allá sudamericano, sino en Europa donde, por aquellos años, quedaron flotando en el limbo y otras dimensiones muchos más millones de seres que por aquí abajo.

El Mago Robinson cuando se desencadenó la SGM partió del Alto Paraná para enrolarse en las filas inglesas. Así como hoy se conoce bastante sobre el programa que los aliados implementaron desde 1943 para rescatar las obras de arte expoliadas por los nazis (los famosos The Monuments Men) poco se han divulgado las investigaciones que en el mundo del audio también se llevaron adelante durante la guerra.

No resiste análisis el predominio de los alemanes en lo que se refiere a tecnología del sonido y la fluidez con que supieron utilizarla. La mayor cantidad de ensayos y creación de prototipos de grabadores de audio ya estaba en pleno desarrollo en la Alemania anterior a la Segunda Guerra Mundial. La obra de Laurent Binet: HHhH fue otro de los textos de consulta a los que apelamos para lograr imaginarnos a Adolf Neunteufel en la Praga de 1942. Poco tardamos en toparnos con el famoso salón Kitty. El burdel VIP que Heydrich montó hacia 1940, reciclando uno ya existente desde 1930, para realizar escuchas secretas de sus propios camaradas de armas, diplomáticos cómplices y otros figurones del Reich en Berlín. Tres de sus colaboradores más fieles tapizaron cada habitación con micrófonos y algunas cámaras, ocultos dentro de las lámparas, debajo de los sillones y encima de los armarios. En el sótano se instaló la central de monitoreo. Nos quedamos con esta descripción de Binet mucho más acreditada que la mala película de Tinto Brass.

Ahora entra en escena el Mago Robinson. Según el diario personal que custodió su familia, aún después de muerto por los años setenta, en confusas circunstancias en un popular cabaret transformista en el “Barrio Chino” de Barcelona. El inglés formó parte del batallón que en 1944 capturó las instalaciones de Radio Luxemburgo y descubrió una más de las tantas sorpresas que deparó el avance de las tropas hacia la toma final de Alemania. Encontraron un grabador germano de sonido con una fidelidad que sobrepasaba a los mejores reproductores de audio de la época.

La máquina, cuidadosamente embalada fue fletada de inmediato, en el más absoluto secreto, a los Estados Unidos. En laboratorios vigilados por guardias armados, se cree que en complicidad con técnicos de la RCA Víctor, fue destripada, copiada y mejorada. Se logró entonces un alto grado de eliminación de ruido, ampliándose la posibilidad de registro de reproducción sonora.

Poco tiempo después se perfeccionó la fabricación de magnetófonos de gran tamaño para estudios de grabación, a partir de 1949 comenzaron a utilizarse a gran escala las cintas magnéticas para registrar música y palabra. Esto permitió obtener grabaciones de hasta 30 minutos de duración y con una calidad de sonido bastante próxima a la fuente de emisión original.

Hacia 1950 la industria discográfica norteamericana dominaba el mercado mundial de la música grabada y reproducida en millones de discos de pasta, y luego de vinilo. Quizás, su primera victoria en la Guerra Fría. Frank Sinatra primero y luego Elvis Presley fueron las ojivas musicales que conquistaron el mundo “libre”. Habrá que esperar un poco más de diez años para la contraofensiva de la British Invasion. 

Rebobinemos la cinta de la historia. La primera máquina grabadora fue el resultado práctico de los conocimientos electromagnéticos que en 1889 supo aplicar el ingeniero danés Valdemar Poulsen. Luego de mucho experimentar, y fracasar, el investigador logró diseñar una cabeza grabadora electromagnética que absorbía los impulsos a través de cables conectados a un teléfono transmisor. Un alambre de acero, al pasar debajo de la cabeza grabadora quedaba magnetizado a causa de la intensidad de los impulsos recibidos. Para reproducir lo grabado se conectaba la cabeza a un receptor telefónico y se deslizaba bajo ella el cable imantado. Entonces se escuchaba el sonido registrado. Este aparato se llamó telegramófono pero no tuvo una acogida triunfal de inmediato. Los intentos posteriores por mejorar la calidad de este invento se centraron en la sustitución del alambre rústico y rígido por cinta, primero de papel y luego de plástico. La ferrocidad necesaria fue aplicada al cubrir estas tiras con óxido de hierro.

Como se infiere, las investigaciones esotéricas de las psicofonías del Mago Robinson no estuvieron muy alejadas de lo que sucedía en el mundo científico “real” de la captación magnetofónica multipista.

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