Kitschfilm en Sant Jordi

KIT Sant Jordi

El 23 de abril se celebra el día de Sant Jordi en Barcelona y los libros salen a la calle. La ciudad se llena de puestos donde los autores firman sus obras, allí estaremos. Cabe entonces que esta entrada describa algunas pistas de cómo nació este proyecto literario para advertir a quienes lo tengan en sus manos ese día de los riesgos que pueden correr al leerlo.

Desde el principio compliqué las cosas deportivamente. ¿Por qué limitarme a un relato lineal? ¿Por qué viajar por la autopista sin recorrer los caminos vecinales? ¿Existe un pasado que quedó atrás, un presente en el que soy un yo más un mañana hacia el que se supone estoy yendo? Nunca estuve muy convencido de esto. En veinticuatro horas vivo entre el ayer, el hoy y me asomo a un improbable porvenir. Cuando tengo pesadillas, deseo ganar la lotería, borro amigos/as de las RRSS, vuelvo a jurar que no le joderé la vida a nadie o me esfuerzo por recordar algún momento en que fui feliz. Here, There and Everywhere se grabó en 1966.

Hace unos años me llamó la atención la categoría innovación de los premios que otorga la Fundación García Márquez. Se distinguen trabajos periodísticos, narraciones multimedia que combinan textos, fotografías, videos, cómics, podcasts, infografías, gráficos y ¿por qué no? gifs y memes también. Entonces pensé ¡vaya avance de la dimensión bit! Tenía razón el Byung-Chul Han con eso del eros de la conexión. Pero me sentí fatal. ¿Cómo cuento, por enésima vez en la historia de la literatura, aquello de un libro perdido que es reencontrado sin morir de aburrimiento, los lectores y yo también? Bueno me dije, no es para tanto. De vez en cuando aparece un Cortázar y las palabras se quitan la corbata, llega un Lennon y las lleva a viajar en un submarino amarillo, Margaret Atwood les pone una cofia subversiva o se aparece un Junot Díaz y las invita a rapear en la esquina del barrio. Claro, ¿y yo suponía que tenía algo que ver con esas personas?

Para la misma época, hacia 2007, en que descubrimos el libro olvidado sobre el que nació Kitschfilm conocimos a Harum Farocki en Alemania. El cineasta contó que en las primeras fotografías que se lograron desde un avión sobrevolando Auschwitz, en 1944, sólo se tuvieron en cuenta las instalaciones industriales anexas. Aunque también estaban las cámaras de gas, los camiones que transportaban a las víctimas y el crematorio. Recién a partir de 1970 se rescataron esos fotogramas de un archivo, analizados nuevamente entonces sí se reconoció el matadero industrial. Farocki sugirió el primer indicio: ¿lo que vemos es todo lo que hay?

Kitschfilm resultó un photoshop literario, un trabajo en capas que se lee como un flâneur deambulando entre varios pasajes narrativos. Algunos reales y otros de ¿ficción? No se trata de cometer spoiler. Sin embargo, ahora que está de moda esto de los metadatos, sería pertinente recordar que en griego el prefijo meta alude, suma más posibilidades, a “después”, “entre” y “más allá”. O sea, hay que “meta-meterse” dentro de Kitschfilm con un machete en mano para ir abriéndose paso en las picadas del monte y lograr llegar al otro lado. Pero ¿Qué es y dónde está ese otro lado? Quizás Benjamin se preguntó lo mismo en su Libro de los Pasajes.

 

 

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