Sturm und Drang en La Garganta del Diablo

DELONI ÚLTIMA VERSIÓN

La traducción del apellido Neunteufel es “nueve diablos”, ineludible que sombras infernales se filtraran en Kitschfilm. Una de ellas, La Garganta del Diablo. El conjunto de cascadas más grande de las Cataratas del Iguazú,  tromba de agua que cae desde ochenta metros de alto, una tráquea hídrica que truena en el Alto Paraná como la voz de Satán. Como la voz de Madelena Deloni, la diva lírica que cantó Lieder románticos de Brahms y Schumann sobre un puente colgante que cruzaba la Garganta del Diablo a principios del siglo XX. Muy cerca, Adolf Neunteufel perseguía al endemoniado Yasí-Yateré.

Las líneas finales del párrafo anterior no habrían calado en un cuento de Horacio Quiroga, demasiado góticas. Ni que hablar si hubiera adjetivado a la cantante como amnésica o si mientras la mujer gorjea sus canciones germánicas, el puente colgante se desploma en el abismo de las cataratas. Muy melodramático. Pero resulta que todo esto fue cierto.

Citas, leyendas y documentos abrieron picadas en el monte y el sol del Alto Paraná reveló por donde explorar, los personajes se infiltraban en Kitschfilm con pasaportes falsificados. Uno de ellos: Alonso Catrill, un ignoto argentino que por los años treinta fue manager artístico de estrellas líricas internacionales. Un hombre intrépido que llevó el sonido del Sturm und Drang (¡Y dale con las tormentas pasionales!), a las Cataratas del Iguazú. Como resultó imposible hallar más información sobre Catrill, se quedó fuera de Kitschfilm y también Madelena Delani o Deloni, una cantante, especializada en el repertorio romántico alemán, que Catrill presentó en lo profundo de la selva paranaense. Pero existe información sobre la Delani – Deloni, y ameritaba un capítulo especial en Kitschfilm. No pudo ser, entonces vale compartir hoy estos apuntes, casi paranormales, que anidan ocultos en el cuaderno blanco.

Primero algo sobre la vida de esta mujer, después regresamos con la historia del puente colgante sobre la Garganta del Diablo mientras Adolf Neunteufel intentaba cazar al duende Yasí-Yateré.

Vamos a decantarnos por llamarla Madelena Deloni, aunque también se la cita como Madalena o Magdalena. Su nombre verdadero fue Systana Carvokka, nació en Nueva York en 1897, hija de una familia rumana que emigró a los Estados Unidos. Hacia 1880 vivir en Transilvania era un poco más complicado que alquilar un piso en Barcelona. Ya de pequeña Systana manifestó tener una voz excepcional, un don que compensó una mella orgánica de nacimiento: dificultades con la memoria a corto plazo. Una patología neurológica que la atormentó de por vida, transformándola en una mujer mórbida, melancólica y, a la vez, inquietantemente hermosa. Luego de casarse con Rudolf Deloni, un hombre treinta años mayor que la promovió y lucró con su ascenso artístico, Systana Carvokka renace como Madelena Deloni. Los días de la diva, plenos años veinte, fluyen dulces y halagadores como en un Kitschfilm de la época. El crack de 1930 perjudica su carrera, induce el divorcio con Rudolf y agrava sus problemas de memoria. Aquí entra en escena Alonso Catrill, el manager argentino que resetea la carrera artística de la Deloni programándole giras por países sudamericanos (Argentina, Brasil y Paraguay) donde las colectividades alemanas aplauden con beneplácito el repertorio de los Lieder que evocan su lejana Heitmat.

Corte por fundido y flashback hacia los años ochenta del siglo XIX. El ingeniero Wilhelm Sonnabend emigra desde Alemania y ancla en Buenos Aires, consigue trabajo en la filial de la corporación Krupp que, por aquel entonces, vendía armas al ejército argentino, también se casa con la hija de un industrial rioplatense. Hacia fines de esa década encontramos a Sonnabend trabajando en un puente colgante sobre la Garganta del Diablo en las Cataratas del Iguazú. En 1887 cuando la obra estaba casi terminada, una tormenta huracanada la destruye y sepulta en las profundidades del salto. Wilhelm Sonnabend vuelve a emigrar y se instala en Chicago con Viviana su esposa argentina. Difícil rastrear el apellido de esta mujer, aunque puede haber sido hija de una familia de la alta burguesía de Buenos Aires relacionada con los negocios de Krupp y la administración porteña, a control remoto, de la frontera argentina con Brasil y Paraguay.

Sale por bambalinas Wilhelm y en 1936 enfocamos con luz cenital a su hijo. Geoffrey es un profesor de neurofisiología en la Northwestern University (Chicago) especializado en patologías de la memoria. Una obsesiva dedicación académica colapsa su sistema nervioso. Su madre, la Viviana “sin apellido”, harta del clima gélido del lago Michigan y de una ciudad dominada por anarquistas y gánsteres, decide trasladar a su hijo hasta un establecimiento sanitario especializado en hidroterapias, próximo a la Garganta del Diablo en las Cataratas del Iguazú. Nomás llegar Geoffrey al Spa tropical, Madelena Deloni da un recital para los exclusivos pacientes. Cuenta el relato “oficial” que luego de escuchar esa voz “impregnada de una sensación de pérdida” (más allá de la metáfora, quizás la amnesia crónica de la Deloni identificada con el síndrome de Korsakov, influyera en su canto), Geoffrey experimentó un episodio tal vez extrasensorial. Cuando en la casa de reposo las luces se apagaron y todos se retiraron a sus habitaciones, él, insomne, regresa al lugar donde cantó Madelena Deloni. Se siente desasosegado, en la oscuridad del salón percibe una atmósfera cargada de turbaciones emocionales. Ni que hablar de los mosquitos que zumbaban sobre su cabeza. Sale y deambula bajo la luz de la luna por los jardines, a los lejos rugen las Cataratas del Iguazú. Durante esa noche concibió su famosa teoría sobre los mecanismos del olvido: la Obliscencia. Palabra que se puede rastrear hasta el latín “oblivio” (olvido) y “oblittero” (borrar del recuerdo). Su estudio fue muy intenso y culminó en tres volúmenes, donde Geoffrey no tuvo en cuenta la tradición de investigaciones anteriores sobre la memoria. Propuso la premisa de que la memoria es ilusoria, y que olvidar, no recordar, es el resultado inevitable de toda experiencia. Los recuerdos serían una construcción artificial de la mente. Para completar la complejidad de su tesis recurrió a modelos geométricos para demostrar sus ideas.

La actuación de Madelena al borde de la Garganta del Diablo fue la última de su vida. Un día después regresó a Buenos Aires junto a Alonso Catrill. El hombre de inmediato viajó a Nueva York, a partir de aquí se le pierde el rastro. La Deloni tenía previsto cruzar a Montevideo y descansar dos semanas en casa de una amiga, la famosa pianista lituana Nadia Reisenberg. Otro misterio, no fue posible encontrar rastros de esta mujer en el Uruguay. La mañana que Madelena debía embarcar hacia Montevideo, aún agotada, se quedó dormida. Tomó un auto de alquiler y el chofer condujo a alta velocidad hacia el puerto. En un cruce de calles un camión embistió el vehículo, Madelena Deloni murió instantáneamente.

Corte de planos por salto y regresamos al siglo XXI. La Obliscencia es un tema que remixan artistas visuales y músicos. Dejo un ejemplo, A song for Sonnabend (http://billdomonkos.tumblr.com/sonnabend)

Fuente originaria:  THE MUSEUM of JURASSIC TECHNOLOGY (http://www.mjt.org/)

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s