Sólo se trata de caer y dejar de respirar

Escribir que Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1963) es una de las más famosas escritoras actuales y que pertenece a un neoboom literario de autoras sudamericanas, es desperdiciar caracteres. Este es el mar, una de sus últimas publicaciones (Argentina 2017 – España 2018, Random House), podría ser catalogado como una novela corta o un cuento largo. La cuestión de la extensión tampoco aporta mucho, lo que vale es que se lee de un tirón y que sus personajes circulan por ámbitos rockeros globales inhalando las sustancias y las situaciones propias de esta cultura tribal. Para crear una nube de significantes podríamos usar palabras como inquietante, sombrío, feérico, fantástico, perturbador y así sugerir de que va esta historia. En síntesis, unos entes andróginos y sobrenaturales tendrían como tarea cósmica inducir a la muerte a líderes de bandas de rock con el objetivo de convertirlos en leyendas eternas. De este modo las defunciones de John Lennon, Kurt Cobain, Sid Vicious y Jim Morrison no habrían sido la obra de un fan descerebrado o una sobredosis, sino la labor paciente de estos seres que gracias a una labor muy de abejita obrera ascenderían, en una colmena misteriosa y siniestra, desde el inframundo de las fans enloquecidas a un panteón de deidades paganas. Estas criaturas sobrenaturales, a las que suponemos chicas, lucen mezcla de Mamma Cass con Chrissie Hynde y, sus mortales elegidos para el sacrificio mítico son todos chicos muy guapos y viciosos que no paran de inyectarse lo que venga y de derrumbarse sobre una cama cada noche (nadie dice que logren coger o follar) con una mujer inédita. Helena es una de estas esencias vaporosas y su víctima propiciatoria será James Evans, cantante de la mega exitosa banda Fallen. Seguir contando la trama sería espoilear al divino botón. Leí el libro hace poco y me gustó mucho. Googlié al grupo Fallen y encontré unos Fallen noruegos, metaleros de los años noventa. Por el ambiente que crea Enriquez en el libro, sus personajes no pintan heavys sino más bien tirando hacia el punk o post punk. O sea que se podría suponer que los Fallen y el James Evans de Mariana Enriquez son arquetipos modelo Jung, de un estándar necrofílico del star rock system occidental, capitalista y posmoderno.

Ya que estamos con esto de la post crisis, el mismo año de la primera edición del libro de Mariana Enriquez se suicidó Mark Fisher. No era una estrella de rock pero andaba cerca. Intelectual británico de primera línea se quitó la vida exactamente pocos días antes de que se publicara su tercer libro: Lo raro y lo espeluznante. Fisher ya tenía su fama ganada a partir de su best seller Realismo Capitalista, sus artículos en la revista Wired y su influyente blog k-punk. Legitimado por la crítica, los medios y por gurúes como Slavoj Žižek y Franco “Bifo” Berardi, un viernes 13 de enero de 2017 la depresión le ganó la última mano de la partida ajustando el lazo con el que se ahorcó.

Lo raro y lo espeluznante se publicó en 2018 en España a través de Alpha Decay. Luego de un viaje relámpago a Buenos Aires, con el libro de Mariana Enriquez, devotamente comprado en una librería de la calle Corrientes, y recién terminado de leer en el avión, arremetí con Fisher. El listado de personas a las que prometía convocar a su mesa de espiritismo era inapelable. Lovecraft, H.G. Wells, Philip K. Dick, David Lynch, Margaret Atwood… algunos de mis amiguitos favoritos. Avanzando en la lectura durante un mes de julio anclado en una Barcelona muy calurosa, al llegar a la página 40 me encuentro con un capítulo dedicado a la banda británica The Fall. Admito que nunca los escuché ni vi sus videos porque, aunque le pese a mi amigo Rodrigo Gomberoff, el post punk no es lo mío. Nada personal, una cuestión de edad nomás, uno se quedó en Sting, eso sí antes del sexo tántrico. De todos modos el artículo de Fisher sobre The Fall se centra en sus letras para explorar sinapsis entre lo real y lo grotesco como nutrientes de lo raro, primera parte del libro. El líder de esta banda fue Mark E. Smith, creador de canciones donde las palabras se enredan en palimpsestos sobre los que se revuelcan hombres con frutas y mariposas en las caras. Vaya, Arcimboldo por el siglo XVI paraba en los mismo bares que Smith. La cuestión es que el cantante y líder del grupo británico The Fall palmó también en enero, un año después que Mark Fisher, por causa de severas complicaciones respiratorias. Ambos, por iniciativa propia o ajena a sí mismos, se murieron por falta de aire en los pulmones.

FALL FALLEN reducida

Aún tenía en la pila de libros al lado de la cama Este es el mar. Por una noche dejé de lado Lo raro y lo espeluznante de Mark Fisher y retomé la novela de Mariana Enriquez. James Evans, la estrella de rock elegida para ser sacrificada en el altar de la fama perpetua, padece un asma in crescendo que le es inducido, página a página, por Helena, su personal manager y patibularia hada madrina. Al final morirá tal como está previsto durante toda la trama, por un ahogo terminal y fulminante.

Otra vez un ángel caído en la jalea fosforescente de la hauntología se queda sin aire y se muere. Pensé, estupendo final para un Kitschfilm.

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Un comentario en “Sólo se trata de caer y dejar de respirar

  1. A Mark Fisher lo empecé a leer de casualidad. Un amigo desde Baires me manda por whatsapp una imagen de la tapa de Los fantasmas de mi vida (Caja Negra, 2018). Sin saber de quien se trataba, le pedí por favor que si podía me trajera ese libro. Después revisé en Google y me di cuenta que transitaba las mismas cartografías conceptuales en las que hace tiempo me reconozco. No leí aún a Mariana Enriquez, me refiero su obra de ficción ligada a novelas y cuentos, aunque si a sus bellos ejercicios de ese género de la ficción que es el periodismo. Si se que me interesa lo que desarrolla en relación a lo siniestro. Casualmente (o no, diría La Faraona) leo tu post recién llegado a Posadas después de un viaje relámpago a Buenos Aires. Allí encontré – en esas maravillosas librerías de usados de calle Corrientes (ya se, es avenida) un libro con testimonios de Libero Badii (Ediciones de Arte Caglianone, 1986). Allí escribe, en lo que llama frases espontáneas de un cuaderno de apuntes: “punto final, inicio de lo siniestro”. Lo no dicho, un libro como carta póstuma de un suicida, los muertos del rock, the 27 club, la hauntología de Derrida, Borges, Leopoldo Marechal y, por supuesto, Macedonio Fernández habitan ese lugar al que sólo se accede con el don del resplandor. Algo que por ahí, creo (se me ocurre) merodea tu post.

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