Si huyes de Salvini te recibe Bolsonaro

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La investigación histórica de este mundo hipertexto también formó parte de la creación de Kitschfilm. Tropezamos con algunas heroínas y muchos guasones maniáticos. En 1932 cuando en Europa la gangrena reventaba, Sudamérica era un lazareto que ofertaba sanación con la profilaxis de la aventura depredadora. En 2018, también. Adolf Neunteufel es uno de los bits que tejen la hiedra de Kitschfilm, como tantos otros cruza un océano desde Austria, se siente abatido y relegado pero al llegar al Alto Paraná logrará vivir, cazando y errando, años de feliz libertad. Hacia 1940 regresará a Europa (encandilado por el estado de bienestar nazi) y todas sus ilusiones arderán junto con millones de personas. En los ex imperios y en sus clausuradas colonias nunca emancipadas ¿vuelven a cabalgar los Jinetes del Apocalipsis? Neunteufel respondió a esta pregunta hace ya setenta y tres años, desertando de la Wehrmacht en cuanto pudo y escapando a refugiarse nuevamente en Sudamérica. ¿Cómo lo llevaría hoy?

En la lógica de la informática se denomina latencia a una suma de retardos temporales en la propagación y transmisión de información. Los artículos, declaraciones y manifiestos donde se alerta sobre lo que ya está aquí y por allá también, llegan demorados. Las alarmas de incendio se activaron hace ya tiempo y el portero del edificio se quedó dormido abrazado a la botella.

Como hito histórico suele mencionarse el fin de la Segunda Guerra Mundial, momento cero de un “time line” que iniciaría una era plena de democracia, paz y prosperidad. Un devenir progresista donde todo conflicto y/o hipótesis de riesgo sería reemplazado por una pedagogía de la civilidad que germinaría en una cohesión social interclasista y en un consenso supra estatal, supuestamente, perpetuo. Ya hacia 2012 Keith Lowe [1] demandaba: ¿Todos los europeos trascendieron el canon de las rivalidades comprendiendo las virtudes de unas políticas superadoras después de 1945?

En medicina el procedimiento que permite recoger información para organizar una prevención asistencial del paciente se denomina “historia clínica”. Esta herramienta de entendimiento genera un cuerpo de conocimientos preliminar que se denomina semiología clínica. Una propedéutica, preparación o aprestamiento previo, para poder encarar una posterior metodología de actuación. Entonces, durante el proceso de construcción de una Unión Europea, ¿fue suficiente el trabajo previo de investigación propedéutica en las napas subterráneas de las diferentes sociedades para decidir la metodología a implementar? Recursos como una moneda común, fronteras abiertas y fondos generosos para equiparar desarrollos, capacidad de consumo y mercado interno, ¿fueron suficientes adhesivos de cohesión?

En su obra, Lowe desarrolla una historia clínica de Europa donde identifica e interpreta síndromes históricos que, si bien supuraron en determinado momento, se conservaron latentes y hoy podrían generar el riesgo de recidivas tumorales en el cuerpo social planetario. El relato que se construyó sobre la Segunda Guerra Mundial simplifica la dramaturgia en un enfrentamiento entre las fuerzas míticas de El Bien y El Mal. Uno de los arquetipos que, a lo largo de la historia, modelaron culturas según las necesidades fundacionales de cada sociedad. La misma dualidad maniquea que se replicaría durante la posteriormente inmediata “Guerra fría”.

Lowe incomoda al plantear un damero de confrontaciones más complejo. Donde, en muchos casos, la intromisión nazi fue el catalizador que determinó enfrentamientos fratricidas impiadosos. Afirma “nuestros recuerdos de la guerra se basan en mitos de unidad nacional: llegados a este punto me parece oportuno explicar con precisión lo poco sólidos que son dichos mitos.” Esa noción unívoca de países galvanizados en la lucha contra un invasor no se refleja en la realidad. Francia sobrellevó sus conflictos internos durante y después de la guerra. A la gran divisoria impuesta, y aceptada, por los franceses a partir del gobierno títere de Vichy, cabe sumar los enfrentamientos internos entre la Resistencia. Mayoritariamente compuesta por partisanos de izquierdas “estaba desgarrada por facciones rivales: comunistas contra anarquistas, estalinistas contra trotskistas, etc.”. A estos antagonismos domésticos cabe sumar otro conflicto entre estas fuerzas de izquierda y los seguidores de centro – derecha de De Gaulle. Y como si esto fuera poco los españoles que huyeron a Francia al final de la Guerra Civil Española se liaban entre estalinistas y sus rivales. Y así hasta hoy con el posicionamiento de la ultra y centro derecha por legitimación  del voto democrático.

Italia también es modélica en cuanto a enfrentamientos endógenos se refiere. Las luchas entre fascistas y antifascistas, que desde la década de los años 20 quebraron la frágil cohesión de la península, recrudecieron durante el conflicto bélico y no cesaron después de 1945. Lowe advertía en 2012 que “desde finales del siglo XX, el conjunto de Europa ha experimentado un cambio notable hacia el neo fascismo: los grupos de extrema derecha están adquiriendo más influencia que en ningún otro momento desde la Segunda Guerra Mundial.” Y como muestra de manipulación histórica por intereses políticos, Italia ya se destaca en 2005 marcando tendencia cuando, aún vigente como primer ministro Silvio Berlusconi, se decide celebrar “el día oficial del recuerdo”. Los sucesos que se querían conmemorar habían ocurrido en 1945, partisanos yugoslavos comunistas invadieron el noreste de Italia por Trieste y masacraron miles de civiles italianos. Retornemos a 2005. Este “contra – evento” de reparación histórica tuvo lugar una semana después del aniversario internacional que recordaba la liberación de Auschwitz por los rusos. Para Lowe esta recuperación de la memoria selectiva por parte de Berlusconi no tuvo nada de “histórico” y si mucho de político. “En un momento en el que Italia era cada vez más sensible a la inmigración procedente del este de Europa, a los nacionalistas italianos les convenía presentar a sus vecinos eslavos como villanos”. Todo fue a peor, Roma apesta.

Si en los países de la Europa Occidental los antagonismos  fueron intensos, ni que hablar de lo que sucedió más hacia el Este. Ustachas croatas contra serbios y musulmanes, eslovacos, ucranianos y lituanos luchando por su liberación nacional. Griegos y yugoslavos combatiendo por la abolición de la monarquía o por su restauración. En términos generales, según Lowe, “algunas de los enfrentamientos más atroces no se produjeron entre el Eje y los Aliados, sino entre la población local, que aprovechó la oportunidad de la guerra para dar rienda suelta a frustraciones muy antiguas.” En la línea que ya planteara Foucault en su Genealogía del racismo, la Segunda Guerra Mundial no fue solamente una contienda clásica por territorios, fue una guerra de razas e ideologías. Una macro guerra con media docena de guerras civiles con motivos puramente locales. No más cerrarse el período de la guerra fría, las viejas tensiones nacionalistas empezaron a resurgir. El ejemplo más feroz tuvo lugar en Yugoslavia tras la caída del comunismo en 1990.

Cabría recordar que los años dorados de la sociedad eurocéntrica opulenta se perfilaron promediando los años sesenta del siglo XX. Lejos quedaban ya las sombras de la posguerra y, en la Europa occidental se impulsó una impostergable necesidad de cambio. Entonces caducaron muchas antiguas pautas que reglaban las relaciones humanas y sociales. Sin embargo el germen de futuras dificultades ya anidaba en la génesis de estas legítimas rebeliones generacionales. No fueron realizadas en nombre de ninguna permuta de reordenamiento social profundo. La fuerza y voluntad de cambio juvenil tuvo como motor un perentorio deseo individual que bien supo prever y explotar luego el mercado de bienes y servicios. Quienes se rebelaron y lucharon contra convenciones añejas terminaron siendo clientes de un adictivo fetichismo consumista. Según Eric Hobsbawm [2] la revolución cultural de fines del siglo XX en Europa debe entenderse como el triunfo del individuo sobre la sociedad. Cuando Margaret Tatcher dijo: “la sociedad no existe, sólo los individuos”, las cartas ya estaban echadas con una extensa proyección de futuro que todavía no tiene fecha de caducidad.

Cada mañana luego de ducharnos encontramos escrito sobre la pátina de vapor en el espejo de nuestro lavabo: “Detrás de las formas de lo justo tal como ha sido instituido, de lo ordenado tal como ha sido impuesto, de lo institucional tal como ha sido aceptado, se trata de descubrir y de definir el pasado olvidado de las luchas reales, de las victorias efectivas, de las derrotas que dejan su signo profundo incluso si han sido disimuladas”. Una vez más Foucault burló las videocámaras, pero el incendio ha comenzado,  ¿despertará a tiempo el portero de su profundo sueño etílico? Mientras tanto Neunteufel persigue al Yasí – yateré en el Alto Paraná, sin sospechar que llegará un tiempo en que las aguas del río bajarán desde Brasil contaminadas de glifosatos y teleevangelistas.

[1] Continente Salvaje (Europa después de la Segunda Guerra Mundial) Keith Lowe. Galaxia Gutemberg, 2012.

[2] Historia del siglo XX. Eric Hobsbawm. Planeta. 2007

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