Pederasgogía caligráfica

kitsch

La tipografía y, en general la escritura, es un tema recurrente en Kitschfilm. Muchos apuntes quedaron fuera porque no conectaban directamente con la historia de los caracteres góticos del libro de Neunteufel y las contradicciones nazis por preservar la tradición de los tipos carolingios pero, a la misma vez, que todos los súbditos de su imperio comprendieran, sin cuestiones gráficas, órdenes y subordinaciones. Paradójicamente, desde las Tablas de la ley, nada nuevo.

Una de las primeras ideas que esta esquizofrenia nacionalsocialista me sugirió fue que, en general, los guardianes de la “grafocracia” son unos pesados. Y lo peor fue tener que admitir que antes del pangermanismo tedioso de Hitler, el eurocentrismo “humanista” ya se había obsesionado con la primacía de la escritura sobre el discurso hasta desembocar en una “violencia de la letra” (Derrida). Escribir se transformó en una construcción social con mandato político. Como imágenes de una pesadilla algunas preguntas me obsesionaron.

¿Por qué aquellas amenazas de “la letra con sangre entra” y “más te vale hacer buena letra”?

¿Por qué un juego surrealista donde se escriben palabras se denomina “cadáver exquisito”?

¿Por qué se obligó a los zurdos a escribir con la mano derecha mientras les amarraban la “mano mala” (la izquierda)?

¿Por qué a una mujer acusada de adulterio se le marcaba con un hierro candente la letra A de adúltera en sus pechos?

Si veneramos unas “sagradas escrituras” salvíficas ¿quiere decir que también existen unas “profanas escrituras” que nos fulminan? ¿Tal vez El Necronomicón de Lovecraft?

¿Por qué las cláusulas fraudulentas de los contratos se escriben con letras pequeñas?

Hacia 1780 Goya testimonió el estado de situación con su obra “La letra con sangre entra”, donde muestra a un maestro azotando a un alumno con las nalgas al aire. (Imagen 1) Podemos recurrir a Foucault y recordar la importancia de escribir con “buena letra”, algo que supone una gimnasia que disciplina el cuerpo desde la punta del pie a la yema del dedo índice. Posturas que todo maestro, según La Salle, debe inculcar en sus educandos “ya sea por señas o de otro modo cuando se aparten de ellas”.

El tema de la buena o mala caligrafía siempre trajo problemas. Si no vean lo que le sucedió a Sor Juana de la Cruz. (Imagen 2) Margo Glantz, escritora e investigadora mexicana, refiere un extracto de una carta de Sor Juana donde afirma sobre su buena caligrafía: “No más de porque dicen que parecía letra de hombre y que no era decente, con que me obligaron a malearla adrede” Para Glantz este argumento de Sor Juana inquieta, porque alude que “la buena caligrafía en la mujer se contamina de indecencia; se vuelve un signo obsceno que dibuja la sexualidad, la mano es la proyección de todo el cuerpo”. Y “malear la letra equivale en la escritura femenina a deformar el cuerpo, carne de tentación que con su belleza amenaza a los hombres”.

Un espíritu celeste omnipresente en Kitschfilm es Kafka, no por inspirar mi obra sino por que vivió en Praga, una ciudad con laberintos como Parque Chas en Buenos Aires, Villa Sarita en Posadas o el Gótico en Barcelona. En la colonia penitenciaria describe un aparato de ajusticiamiento que posee un rastrillo de agujas estilográficas que desangra hasta la muerte al condenado escribiendo sobre toda la piel de su cuerpo el precepto que ha infringido. La quintaesencia punitiva del “escriba cien veces en el pizarrón como castigo…” (Imagen 3)

Para finalizar, Kafka tenía mala letra. (Imagen 4)

 

 

 

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