El cuaderno blanco es blanco

Vela blog definitiva

No sé si es un cuaderno de verdad porque las páginas no tienen renglones. El lomo está reforzado por una banda de tela pegada con cola, la encuadernación es cosida y se ven los hilos cuando se abre. Podría ser también un libro que nunca será escrito o la libreta de un detective privado. Para mí desde el primer día fue el cuaderno blanco, y lo cargué de palabras y papeles grapados. A medida que avanzaba, encontrando fechas, barajando lugares y descubriendo nombres, todo lo iba apuntando en ese cuaderno blanco. Ahora su trabajo ha terminado, lo que tiene escrito adentro con bolígrafos, lápices y una lapicera negra que me regalaron en alguna situación importante que ahora no me acuerdo cuando ni donde sucedió, ya está editado en un libro de verdad. Impreso en una imprenta con máquinas mucho más grandes que mi estilográfica negra y, además, con copias clonadas como ovejitas o dinosaurios, de papel.

Un tiempo antes de comenzar a editar este blog tuve que ordenar la biblioteca y el escritorio porque ya no tenía lugar donde apoyar la taza de café a la mañana y el vaso de vino por la noche y de la pantalla del ordenador apenas lograba ver la cámara, que asomaba sobre las pilas de pulverizadores nasales, libros, periódicos y los restos de las velas que le prendo a mi abuelita antes de irme a dormir. Cavando túneles y abriendo zanjas me reencontré con el cuaderno blanco, suspendí las obras de vialidad y me puse a leerlo. Cuantas cosas se quedaron en el cuaderno blanco sin lograr cruzar hasta alguno de los párrafos del libro. El banco de semillas en Leningrado, la sangre negra de los cazadores, los ladrillos atómicos, el teléfono vocativo, los huevistas y los espermatistas. También personas, Carlos Gardel, Mona Maris, Madelena Deloni, Alonso Catrill. Y algunas frases: “Cuando leía, desgarraba de sus libros las hojas que no le gustaban, teniendo así una biblioteca para su uso, compuesta de obras recortadas, encerradas en tapas demasiado grandes”. Suerte que no olvidé apuntar su autor, era un tipo importante, Chateubriand.

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